En un mundo que a menudo pregona la inclusión, pero rara vez la garantiza, la historia de Estefanía se levanta como un testimonio de resiliencia, esfuerzo y superación. A los 17 años, la adolescente comodorense acaba de marcar un hito en su trayectoria escolar al ser elegida segunda escolta de la bandera nacional en el Colegio N° 723 “Puerto Argentino”. Este logro académico no es solo una mención más: es el resultado de un largo camino que comenzó con un diagnóstico de sordera profunda y la convirtió en pionera de la salud en nuestra ciudad.
Un diagnóstico que cambió el rumbo
La detección de su condición fue fruto de la persistencia materna. Estefanía es la menor de tres hermanos y, aunque nació cuando ellos ya eran adolescentes y creció en un ambiente sumamente estimulado, al año y medio no lograba articular palabras. Su madre recuerda con claridad la preocupación de aquel entonces: “Si bien ella balbuceaba y hacía sus charlas en su lengua, nunca hubo una palabra que yo como mamá entendiera. Ni mamá, ni papá, nada”.
Ante la falta de centros especializados en Comodoro Rivadavia en aquel momento, la familia debió trasladarse a Caleta Olivia para realizar estudios de potenciales evocados. El diagnóstico fue contundente: hipoacusia profunda en un oído y severa profunda en el otro. Tras una etapa inicial con audífonos que resultaron insuficientes, la familia enfrentó una larga espera burocrática para acceder a un implante coclear, una tecnología de costo millonario. Finalmente, a los cuatro años fue operada, marcando el inicio de su “edad auditiva”. “Era como si fuera un bebé”, rememora su madre sobre aquel encendido que le permitió descubrir el sonido.

El desafío de la doble escolaridad y la integración
La inclusión de Estefanía en la escuela convencional fue una batalla constante frente a un sistema que no siempre ofrece las herramientas necesarias. Desde los tres años, la joven mantuvo una rutina agotadora, levantándose a las seis de la mañana para asistir al jardín o la primaria y, en contraturno, concurrir a la Escuela N° 517 para recibir apoyo de fonoaudiología y estimulación temprana. Su madre relata conmovida el sacrificio físico de aquellos años: “Más de una vez, cuando ella hacía 517 a la tarde, en el jardín, se nos quedaba dormida en el aula”.
Su tío, quien nos contactó para contar su historia, destaca el valor de este esfuerzo al comentar que a la joven “seguramente se le dificulta el doble” seguir el ritmo académico debido a su barrera sensorial. Sin embargo, su capacidad de autoexigencia la llevó a destacar por su orden y por ser una lectora voraz, un hábito que le permitió desarrollar un vocabulario sólido. El apoyo de la Escuela 517 fue el pilar fundamental de este éxito. Su madre relata con gratitud: “Si no tuviera el apoyo y las docentes de la escuela 517 no sé si lo hubiéramos logrado, porque ellas tienen las herramientas para enseñarle. Hay un sistema, una forma de adecuarles, de enseñarles, que ellos lo absorben y aprenden. Yo estoy muy agradecida”.

Una deportista de elite con proyección olímpica
Paralelamente a sus logros en el aula, Estefanía construyó una carrera deportiva envidiable. Sus inicios fueron en el patín artístico a los cuatro años, logrando podios en Rawson y Esquel. Sin embargo, debido al peso de los patines y una lesión de rodilla, debió volcarse a la natación, donde hoy es una referente local. Su palmarés es impactante:
- En los Juegos Nacionales Evita, representó a Comodoro en solitario y regresó con tres medallas doradas y una plateada. “Nos sorprendió muchísimo con la soltura que hablaba y que no se avergonzó, lo pudo hacer bien y sola”, destaca su madre sobre el momento en que fue entrevistada por primera vez.
- Recientemente, en los Juegos ParaEPADE de Neuquén, se consagró al obtener siete medallas doradas. Cabe destacar que ganó en todas las categorías en las que se inscribió (estilo libre, espalda y mariposa en distintas distancias).
- Compitió en atletismo, logrando clasificaciones provinciales y demostrando una versatilidad atlética poco común.
Incluso durante sus viajes de competencia, Estefanía mantiene su compromiso académico realizando tareas vía WhatsApp o completando carpetas en los trayectos en colectivo. Su gran sueño es alcanzar los Juegos Olímpicos, una meta por la que entrena a diario mientras planea estudiar el Profesorado de Educación Física.
Naturalizar para derribar barreras
Para su entorno, el éxito de Estefanía radica en haber naturalizado su condición. Desde pequeña, sus implantes y audífonos fueron exhibidos con orgullo, decorados con fundas de colores lilas o rosas “como si fuera un moño nuevo que tenía”. Su madre sostiene que “visibilizar las cosas ayuda a que sea más normal”, recordando cómo invitaba a otros padres a que no callaran a sus hijos cuando preguntaban por los aparatos: “Yo les decía: ‘no, explicale’. Siempre tratamos de naturalizar los implantes o audífonos de ella”.
Hoy, Estefanía no solo es una alumna destacada y una atleta de primer nivel; según su mamá, es una adolescente que disfruta de la lectura, los chismes y los dramas románticos; y que ha demostrado que su condición genética no define su techo. Su designación como segunda escolta es un mensaje de esperanza y una prueba de que, cuando se conjuga el esfuerzo individual con el apoyo institucional y familiar, los sueños “imposibles” están cada vez más cerca. Como bien resume su madre ante sus metas más ambiciosas: “Va a ser difícil, pero trabajando podemos llegar”.