COMODORO RIVADAVIA Y RADA TILLY  |  Lunes 23 de febrero, 2026
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De alumno a colaborador: la historia de Oscar Sáez y su legado en la obra del Padre Corti

La Escuela Ceferino Namuncurá no solo fue el lugar donde Oscar Sáez cursó sus estudios primarios, sino el escenario de un reencuentro que marcaría su vida profesional y personal.

Años después de haber dejado las aulas, y tras haberse perfeccionado en el oficio de la carpintería, Sáez sintió la necesidad de devolver parte de lo recibido. Este gesto de gratitud lo llevó a trabajar codo a codo con el Padre Juan Corti, convirtiéndose en una de las figuras más activas y comprometidas con su obra en la ciudad.

En una charla íntima con Del Mar Digital, Sáez compartió objetos cargados de nostalgia y recordó cómo se gestó ese vínculo con el “Cura Gaucho”. La historia comenzó en un momento de transición personal para él, a sus 40 años, cuando tras una separación empezó a frecuentar la parroquia donde su madre trabajaba como secretaria. Allí, movido por el deseo de ayudar, comenzó a realizar tareas de mantenimiento de forma totalmente desinteresada. “Son cosas por las que yo no cobro; era cortar un vidrio, cosas que puedo hacer”, rememoró con humildad.

Un reencuentro con el pasado

El punto de inflexión ocurrió cuando un encargado de mantenimiento lo invitó a colaborar en un trabajo dentro de su antigua escuela. Al ingresar, Sáez se encontró con una imagen que lo conmovió: el edificio conservaba la misma fisonomía de su infancia. “Lo seguí al interior de la escuela y estaba igual que cuando yo iba; y yo en ese momento tenía 40 años”, relató sobre aquel impacto visual que lo impulsó a poner sus conocimientos técnicos a disposición de la institución.

Ante la falta de profesionales para realizar tareas específicas de infraestructura, Sáez asumió el compromiso de liderar diversas actividades relacionadas con su profesión. Su colaboración no se limitó a reparaciones menores, sino que se integró profundamente en la estructura solidaria que el Padre Corti había forjado en Comodoro Rivadavia. Hoy, su historia permanece como un testimonio del sentido de pertenencia y del impacto que tiene el oficio puesto al servicio de la educación y la comunidad.

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