En el entramado de emprendimientos locales que forman parte de la identidad de la ciudad, De La Colonia se destaca como un claro ejemplo de trabajo familiar y crecimiento sostenido. Su origen, ligado a la iniciativa y dedicación de varias generaciones, refleja una historia de esfuerzo, tradición y adaptación.
Néstor Maida, dueño de la empresa, dialogó con Del Mar Digital y repasó cómo fueron los inicios de la firma, marcados por una fuerte impronta familiar. “Nosotros somos un grupo familiar, una familia petrolera. Con todo lo que iba haciendo, ella lo iba escribiendo y le dieron una carpeta con recetas”, recordó.

A partir de ese material, comenzó a gestarse la idea que luego se transformaría en el negocio. “Con todo eso, junto a la madre y la otra hermana, empezaron a hacer chocolate y gustaba”, explicó Maida, destacando que la aceptación del producto fue clave para avanzar.
El proyecto dio un paso más cuando su hija Analía decidió apostar al emprendimiento. “Ella se había casado y estaba alquilando en la calle Maipú. Ahí había un quincho que lo adaptaron de acuerdo a lo que exigía Bromatología, y se comenzó a hacer chocolate”, relató.

Desde entonces, La Colonia fue creciendo, consolidándose como una empresa familiar con identidad propia. En ese sentido, Maida subrayó la importancia de sostener esa esencia a lo largo del tiempo. “Esto tiene que seguir. La empresa familiar siempre tiene el problema de la sucesión, y la cabeza tiene que seguir siendo alguien de la familia”, afirmó.
Con una base construida en el trabajo conjunto y el compromiso generacional, el desafío de La Colonia pasa ahora por mantener viva su historia, proyectándose hacia el futuro sin perder sus raíces.