Este miércoles, Birmingham fue escenario de una emotiva despedida para Ozzy Osbourne, leyenda del heavy metal y figura central de Black Sabbath. Una multitud de fanáticos, vestidos de negro y portando banderas e insignias con su rostro y el logo de la banda, acompañó el cortejo fúnebre por distintos puntos emblemáticos de la ciudad.
El coche fúnebre negro, decorado con flores rosas que formaban la palabra “Ozzy”, recorrió lugares significativos como el estadio Villa Park y se detuvo en el “Black Sabbath Bridge”, donde se levantó un homenaje artístico con los rostros de los miembros de la banda, ramos de flores, globos y mensajes de admiradores.

En Broad Street, músicos interpretaron “Iron Man” con instrumentos de viento, mientras el coche avanzaba entre aplausos y cánticos. Quienes no pudieron estar presentes, siguieron la ceremonia en vivo por internet.
Sharon Osbourne, esposa del músico, estuvo acompañada por sus hijos Aimee, Jack y Kelly. En el puente, dejó flores en honor a Ozzy, saludó a la multitud y recibió el pésame del alcalde Zafar Iqbal, quien también la abrazó.

El cantante falleció el 22 de julio, a los 76 años. En 2020 había sido diagnosticado con Parkinson. Su última aparición en un escenario fue el 7 de julio, en un concierto titulado Back to the beginning, junto a sus históricos compañeros Geezer Butler, Tony Iommi y Bill Ward.
Con Black Sabbath, Osbourne alcanzó fama mundial desde 1970. El grupo, fundado en 1968, vendió más de 75 millones de discos y fue incorporado al Salón de la Fama del Rock and Roll en 2006. Ozzy fue incluido por segunda vez en 2023, esta vez como solista.
Su legado artístico quedó marcado tanto por su música como por su estilo excéntrico. Uno de los episodios más recordados ocurrió en 1982, cuando, durante un concierto en Estados Unidos, mordió la cabeza de un murciélago en el escenario. Más tarde explicó que creyó que era de goma hasta que ya era tarde.