La aeronave, perteneciente a la Real Fuerza Aérea Británica (RAF), partió desde el aeropuerto de Carrasco, en Uruguay. Poco después de despegar, el avión apagó su transpondedor (el dispositivo que permite su identificación y seguimiento por radares civiles), lo que le permitió avanzar sin ser detectado de manera convencional.
Según los datos técnicos analizados, la ruta trazada indica que el avión habría ingresado en espacio aéreo bajo jurisdicción argentina sin contar con las autorizaciones correspondientes del Estado nacional, una acción que es calificada por expertos como una provocación y una falta grave a los protocolos internacionales de navegación.
A pesar de la gravedad del hecho, la Cancillería Argentina aún no ha emitido un comunicado oficial al respecto. Este silencio institucional ha generado críticas desde diversos sectores. La exembajadora Alicia Castro cuestionó duramente la falta de respuesta del Gobierno nacional, calificando el episodio como una situación de “extrema gravedad” que atenta contra la integridad territorial del país.
Este suceso se da en un contexto donde el Reino Unido continúa utilizando puertos y aeropuertos de la región para sostener la logística de su base militar en las islas. Para nuestra comunidad, hechos como este refuerzan la necesidad de mantener una memoria activa y una vigilancia constante sobre el Atlántico Sur, reafirmando que el de soberanía sobre nuestras islas.