Lejos de dejarse tentar por el hallazgo, Mauricio escuchó el consejo de su hijo y decidió que el dinero debía volver a su dueño. Usando inteligencia artificial, logró rastrear el origen de los valores hasta una empresa en San Luis.
Incluso cuando el dueño le pidió que enviara el sobre por un auto de alquiler (Uber), Mauricio se negó por seguridad: “Era mucha plata, no quería que se pierda”, explicó. Así, fue él mismo quien llevó el dinero en mano hasta las oficinas de la firma en el barrio Los Boulevares para garantizar que el patrimonio llegara intacto.
El “premio” que desató la furia
La sorpresa llegó al momento de la gratificación. Tras devolver los 37 millones, la empresa le entregó apenas 30 mil pesos. “Una limosna”, definió Abdelnur con indignación.
Esa sensación de injusticia es la que llevó a Mauricio a pasar de la buena fe a la carta documento. Asesorado legalmente, el cordobés reclama lo que el Código Civil establece como una “recompensa equitativa” (que suele rondar entre el 2% y el 10% del valor hallado), pero sobre todo, reclama un reconocimiento ético.
“Me trataron mal después de que les cuidé el patrimonio”, lamentó Mauricio, quien cerró su testimonio con una frase que hoy resuena en todas las redes sociales: “Si me vuelvo a encontrar cheques, los tiro directamente”.