Se trata de una medición clave que llega tras la salida de su director, Marco Lavagna, y la polémica decisión del Gobierno de postergar por tiempo indefinido la implementación de un nuevo sistema de cálculo.
Según las previsiones de consultoras privadas, la inflación de enero se ubicaría entre el 2,4% y el 2,6%, lo que representaría una leve desaceleración respecto al 2,8% registrado en diciembre. Pese a este dato, el debate se centra en la validez de la estadística: Argentina seguirá midiendo la suba de precios con una canasta de productos que data de 2004, quedando como el país más desactualizado de la región frente a vecinos como Uruguay (2022) o Chile (2023).
La implementación del nuevo IPC, que buscaba modernizar la base de datos con consumos de 2018, fue descartada por el Ministerio de Economía. Especialistas advierten que el cambio de metodología hubiera dado un mayor peso a los servicios públicos (luz, gas y agua), dejando en evidencia el impacto real de los aumentos de tarifas en el bolsillo de los ciudadanos. Bajo el sistema actual, la inflación anual de 2025 cerró en 31,5%, mientras que con el cálculo modernizado la cifra habría sido superior.
Hacia adelante, los analistas ponen el foco en el precio de la carne. Se espera que los cortes vacunos sufran incrementos de entre el 10% y el 15% en las próximas semanas. Esta presión alcista estaría vinculada al reciente acuerdo comercial con Estados Unidos, que cuadruplicó la cuota de exportación. Si bien el Gobierno niega un impacto negativo en el mercado local, el sector advierte que la mayor demanda externa empujará los precios internos hacia arriba.