Para Fabrina, la historia de Malvinas siempre estuvo presente, aunque de una manera silenciosa. Relata que el vínculo con la guerra tomó forma a través de una “caja negra” que su padre guardó durante años, un tesoro personal que contenía cartas, medallas y certificados de su paso por las islas.
“Crecer con la historia de Malvinas en primera persona es entender el valor de lo que se dio por la Patria”, reflexiona Fabrina. En su testimonio, destaca cómo ese silencio inicial de muchos veteranos se fue transformando, con el tiempo, en una necesidad de compartir la memoria con sus hijos y nietos.
El relato de Fabrina pone de manifiesto que Malvinas es un sentimiento que se construye día a día. Para las nuevas generaciones de Comodoro, la Gesta no es un capítulo cerrado en los libros de historia, sino una identidad que se hereda y se defiende.
“Es importante que nosotros, los hijos, sigamos contando estas historias para que nunca se olviden”, concluye.