El merendero “Por la sonrisa de un niño” en el barrio Máximo Abásolo, se convirtió durante más de diez años en un refugio para más de 100 familias. Allí, Mirta no solo garantizaba un plato de comida, sino que ofrecía la contención y el afecto necesarios para enfrentar las crisis más duras. Su labor se intensificaba cada invierno, cuando lideraba colectas de ropa y alimentos para asegurar que a nadie le faltara lo básico frente al rigor del clima patagónico.
Referentes sociales y familias que recibieron su apoyo coinciden en que su partida deja un vacío inmenso, pero también una huella imborrable en cada territorio que caminó con convicción. “Fue un refugio para quienes más lo necesitaban”, expresaron allegados en redes sociales, donde las muestras de afecto se multiplicaron desde el momento en que se conoció la noticia.
Sus restos están siendo velados en la Sala G de la SCPL, ubicada en Kilómetro 8, donde se podrá acompañar a su familia y amigos hasta las 02:00 am. Comodoro despide a una mujer que hizo de la solidaridad su bandera y cuyo legado seguirá vivo en cada niño que alguna vez encontró en ella una sonrisa y una mano tendida.