“Vos sabés que la muerte no tiene día ni horario”. Con esa frase, Víctor Correia resumía una vida entera dedicada a un oficio tan necesario como poco visibilizado. Este domingo se conoció su fallecimiento. Considerado el último funebrero de oficio en Comodoro Rivadavia, construyó una trayectoria de más de cinco décadas en el servicio fúnebre, marcada por el compromiso, la empatía y el sacrificio.
Correia había nacido y crecido en Rio de Onor, una pequeña aldea perteneciente al distrito de Braganza, en Portugal, limítrofe con España. A los 12 años emprendió viaje hacia la Argentina, estableciéndose de forma definitiva en Comodoro Rivadavia en el año 1955. Fue en esta localidad patagónica donde dio sus primeros pasos en el rubro del arte funerario, un camino profesional en el que, con el correr de las décadas, logró consolidar una de las empresas prestadoras de servicios más reconocidas de la zona, la tradicional Cochería Jones.
Durante décadas fue socio activo y pilar de la Asociación Portuguesa, participando de forma constante en cada evento e iniciativa de la colectividad. “Ver el dolor de la gente no es sencillo. Me pasaban muchas cosas, yo lloraba junto con ellos”, supo recordar ante los micrófonos de Del Mar Digital sintetizando una manera de ejercer la profesión más humana, cercana y artesanal.
Correia contrajo matrimonio con Elda Jones, su compañera de vida, con quien formó su hogar y tuvo dos hijos, Claudia y Víctor Hugo.
Desde la colectividad lusitana y las instituciones locales destacaron su valor humano, su vocación de servicio y el respeto con el que acompañó a innumerables familias comodorenses en momentos de duelo. “Un caballero de Honor”, valoraron desde la comunidad portuguesa al tiempo que rogaron a la Virgen de Fátima por el descanso de su alma. “Yo era muy solidario, y hasta el día de hoy se acuerdan”, contaba Correia cuando recordaba el cariño que le tenía la gente.