El eje central del debate es la gestión de la energía eléctrica, un factor que hoy resulta determinante y que las autoridades buscan recalibrar para asegurar que el espectáculo en pista dependa más de la muñeca del piloto que de los sistemas automáticos de potencia.
La preocupación técnica radica en cómo se despliega la potencia híbrida, especialmente durante las sesiones de clasificación, donde la dependencia de las baterías es total. Entre las alternativas que se analizan este jueves figura la reducción del peso de los sistemas eléctricos y la alteración de los períodos permitidos para la recarga. Estas medidas apuntan directamente a que pilotos de la nueva generación, como Franco Colapinto, tengan un mayor control sobre el rendimiento de sus autos, evitando que la electrónica limite la competitividad en las maniobras de sobrepaso o defensa.
El cronograma de definiciones continuará el próximo 20 de abril con una cumbre entre jefes de equipo y directivos de la Fórmula 1 para evaluar la viabilidad política y comercial de estos cambios. La intención de la organización es tan firme que prevén comenzar con pruebas experimentales a partir del Gran Premio de Miami en mayo. De esta manera, los equipos podrán recolectar datos en condiciones reales de carrera antes de la votación final de las reglas, prevista para el receso de verano en agosto.