Especializados en psicología de la emergencia, estos equipos trabajan en lo que denominan, coloquialmente “situaciones vidriosas”, donde cada gesto y cada palabra cuentan para lograr que la persona desista de su accionar.
Sánchez explicó que llegar a una instancia de este tipo suele ser el resultado de una red de situaciones complejas. “Esa persona llegó a ese lugar a que alguien la escuche”, señaló, destacando que el rol del negociador es precisamente abrir ese canal de comunicación. En lo que va del último tiempo, ya son cuatro las intervenciones de este tipo en las que, gracias al trabajo profesional, se logró que la persona decida no continuar con su intención inicial.
La falta de alternativas como factor común
Con una década de experiencia en emergencias, Sánchez analizó que, más allá de los síntomas “de manual”, la realidad actual muestra detonantes muy claros en el territorio. “Hay falta de trabajo, falta de alternativas y falta de vivienda. En los últimos dos años, los casos que me han tocado en la ciudad, en la provincia y en el país, son similares”, reflexionó el especialista.
En este sentido, remarcó la importancia de que el “primer respondiente” sea una persona sumamente preparada, capaz de entender que quien está en crisis no razona de la misma manera en ese momento y que cualquier estímulo mal manejado puede desencadenar el accionar que se intenta prevenir.
Consultado sobre qué puede hacer un vecino común cuando detecta a alguien sufriendo, Sánchez fue directo: la clave no es abrumar. “Lo importante es mostrar que estás para el otro. No hay que imponer nada ni apabullar con palabras; simplemente decir ‘estoy acá para vos'”, concluyó, reafirmando que la presencia y la escucha son las herramientas de contención más poderosas que tenemos como sociedad.