Los peritajes tecnológicos confirmaron que Leclercq fue la última persona en mantener contacto con Salazar antes de su fallecimiento. Esta cercanía, sumada a las inconsistencias detectadas en los registros de actividad del dispositivo del anestesista, disparó las sospechas sobre una posible eliminación de información relevante para la causa.
Allanamiento y confesión
En las últimas horas, el Juzgado Criminal y Correccional N°60 ordenó dos allanamientos: uno en la Avenida Santa Fe (CABA) y otro en Tigre, donde los investigadores lograron secuestrar una tablet y un teléfono celular que serán peritados.
Bajo la presión de la investigación, Leclercq se presentó ante la Asociación de Anestesia (Aaarba) y admitió una realidad escalofriante: el consumo habitual de sustancias como propofol, ketamina, fentanilo y midazolam, todas ellas sustraídas del ámbito hospitalario para uso recreativo fuera de las instituciones.

La declaración de Leclercq también confirmó su vínculo estrecho con Delfina “Fini” Lanusse, la médica ya imputada por administración fraudulenta de fármacos en el Hospital Italiano. Ambas profesionales, junto al fallecido Salazar y el anestesista Hernán Boveri, conforman el círculo central de una red que utilizaba insumos críticos para cirugías en encuentros privados.

El misterio tras la muerte de Eduardo Bentancourt
El caso de Salazar parecería dejar de ser un hecho aislado con la reciente aparición sin vida de Eduardo Bentancourt (44), un enfermero oriundo de Gualeguaychú que fue hallado muerto en su departamento de Palermo el pasado viernes. La conexión entre ambos casos es casi absoluta por el modo en que fueron hallados: ambos profesionales de la salud fueron encontrados solos en sus viviendas con ampollas de drogas de uso quirúrgico a su alrededor.

Sin embargo, el perfil de Bentancourt abre una grieta en la investigación oficial. Según revelaron sus allegados y el periodista Mauro Szeta, el enfermero estaba de paso en Buenos Aires, no tenía empleo en la capital y en su trabajo habitual en Gualeguaychú los controles de salida eran tan estrictos que hacían imposible el robo de fármacos.
A pesar de que en el departamento de Palermo se encontraron más de 112 ampollas y los peritajes iniciales no indican la presencia de terceros, el entorno de Bentancourt asegura que él no consumía drogas. Una amiga del enfermero declaró a La Nación que sospechan de un “artilugio” para inculparlo y ocultar la verdadera red de distribución.
La Justicia ahora enfrenta el desafío de verificar la trazabilidad de las ampollas halladas en lo de Bentancourt para determinar si el enfermero fue un eslabón de la red o una víctima de una trama mucho más oscura.