Julio Pereyra tiene 41 años y es uruguayo de nacimiento, pero su presencia resalta en la triple frontera de la provincia de Misiones, aquella que une a Brasil, Paraguay y Argentina. Vive en la selva misionera y se desempeña como docente en una escuela ambulante llamada “Caminos de Tiza”.
En diálogo con Del Mar Digital, el profesor de historia cuenta sobre su formación en diversas áreas de la salud y la docencia. Además, se destaca como creador de un modelo educativo que atiende a comunidades en contextos de emergencia humanitaria.
El origen de una institución social y una denuncia
El nombre de la escuela ambulante surge política e ideológicamente de una canción interpretada por Víctor Heredia, llamada “Que Viva la Escuela” y con la letra escrita por Mirtha Gomburg. Esta es creadora del programa Caminos de Tiza de la Televisión Pública Nacional Argentina.
“De ahí sale la palabra Caminos de Tiza, por el contenido que tiene esa letra de entender a los maestros rurales en las lejanías y las distancias” afirma Pereyra.
La escuela ambulante llega como una institución social, una denuncia y una protesta. El objetivo es que los niños puedan ser re-institucionalizados, es decir, que el Estado sea garante de sus derechos.
La niñez en contextos vulnerables
Muchos niños son parte de contextos vulnerables, en donde existen situaciones relacionadas a la trata de personas, redes de pedofilia, narcotráfico, pobreza extrema, desnutrición y mortalidad infantil. Por otro lado, hay comunidades originarias indígenas que cuentan con problemáticas vinculadas a la eugenesia, esto es, la muerte de niños con discapacidad por conceptos culturales.
Existen aulas satélites con modalidades interculturales, bilingües, rurales, domiciliarias y hospitalarias, pero “no llegan a abarcar este tipo de población por las características, por un limitante que tiene el sistema educativo argentino, es jurisdiccional” explica el docente.
Al hablar de jurisdicciones, no solamente se trata desde el sentido municipal, sino también de aquellos niños y familias que son migrantes de provincia o incluso de país: “atender eso implica una escuela que se mueva con la gente”.
Un compromiso social sin fronteras
Es a partir de esta labor comunitaria y humanitaria que Pereyra ha recibido 12 premios mundiales. Además de posicionarse lado a lado con Mandela y Malala al recibir el premio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Su presencia en Comodoro Rivadavia llega con el objetivo de compartir una formación con los voluntarios docentes de la Fundación Crecer. Luego de este evento, se dirige a Tierra del Fuego para acompañar un proceso de ajuste y adaptación de una familia rescatada de un contexto de vulnerabilidad y extrema pobreza.
Es así como Julio Pereyra llega traspasando limites desde la selva misionera para dar a conocer las emergencias humanitarias que se viven en el país. Y, además, poder visibilizar la necesidad de un Estado presente que garantice derechos a los menores que por diversas razones, no pueden acceder libremente a la educación.