El tiempo parece haberse detenido aquel día de 2017 para la familia de Norma Carrizo. Se cumplieron ocho años desde que se perdió su rastro en la ciudad petrolera, y lo que comenzó como una búsqueda desesperada se ha transformado en una bandera de lucha contra el olvido y la inacción judicial.
En un nuevo aniversario de su desaparición, su hija compartió un mensaje cargado de una cruda humanidad, describiendo el “dolor lacerante” que implica no tener certezas. Para quienes atraviesan la desaparición de un familiar, la muerte no es un hecho, sino una pregunta constante: “¿Será hoy? ¿Será mañana? ¿Está viva? ¿Dónde está?”, son las interrogantes que, según el relato, pesan más que el paso de los años.
La hija de Norma describe la cotidianidad de una herida que no cierra. A pesar de los 2.920 días transcurridos, asegura que aún puede escuchar la voz de su madre llamándola. “Abrazo cada recuerdo como si hubiese sido ayer. Abrazo la idea de verte porque es mi bandera y esperanza”, reza el texto que refleja la resistencia frente al desgaste emocional.
El testimonio no solo aborda el sentimiento personal, sino que también pone el foco en la realidad social y judicial. A ocho años del inicio del caso, la sensación de impunidad es total. “Pedís justicia y la justicia no cambia. Después de ocho años te das cuenta de que todo sigue igual o peor”, sentencia el escrito, marcando la soledad de un camino que muchas familias deben transitar sin acompañamiento institucional efectivo.
A pesar de la magnitud de la ausencia, la familia de Norma elige encontrarla en los detalles: en sus pasiones y en la gente. Es la forma de mantener su esencia presente en una ciudad que, a veces, parece olvidar que todavía falta una de sus vecinas.
“Abrazo de luz, mami, donde quiera que te encuentres”, concluye el mensaje, reafirmando que mientras haya memoria, la búsqueda de Norma Carrizo seguirá vigente.