Indira Hiayes nació en Comodoro Rivadavia y, aunque hoy vive del tango en Dubái, su historia comenzó con un gesto simple: ver una pareja bailando en la televisión. Tenía apenas 9 años cuando, frente a Susana Giménez, le dijo a su mamá “quiero bailar eso”. Pese a que en su casa se escuchaba más folclore y rock nacional, el flechazo fue inmediato.
Su formación empezó en el tradicional Camaruco de Comodoro, donde afirma haber sentido “una adicción hermosa” por el tango. A los 15 ya soñaba con viajar por el mundo y, un año después de terminar el colegio, se instaló en Buenos Aires. La adaptación no fue sencilla: “Fue un shock muy fuerte. Estaba sola, rodeada de bailarines increíbles”, recuerda. Sin embargo, encontró apoyo en el también comodorense Dante Sánchez, quien la acompañó en su primer año.
Aunque inicialmente intentó estudiar danza contemporánea y ballet en la UNA e incluso comenzó el CBC de Administración en la UBA, el tango terminó marcando su camino. Su primera gran oportunidad llegó con Señor Tango, un show porteño que le permitió profesionalizarse. Luego comenzó a viajar y su carrera dio un giro inesperado: Australia, Nueva Zelanda, Turquía, Alemania y finalmente Dubái, donde recibió una propuesta laboral que cambiaría todo.
En la actualidad, Indira organiza su propia milonga —Tangrela—, participa de eventos y se mantiene activa en giras internacionales junto a su compañero. Asegura que Dubái le abrió la cabeza y que “me hizo entender que podía trabajar sola, que podía vivir del baile en todas sus formas”.
Pese a la distancia, afirma que su lugar en el mundo sigue siendo Argentina: “Comodoro y Buenos Aires son distintos, pero los dos los siento míos. La cultura argentina no la encontré en ningún lado”.
Este año planea regresar al país para el Mundial de Tango, donde se reúnen bailarines de todo el planeta. “Es el momento más lindo para encontrarse con colegas y amigos”, dice.
Para Indira, el camino nunca estuvo libre de obstáculos, pero la convicción la acompañó desde la infancia. “Los sueños se cumplen”, asegura. “A veces no como los imaginás, pero se cumplen”.