Tras años de crisis financiera y reiterados intentos fallidos por reactivar sus operaciones, el juez Fernando D’Alessandro ordenó la liquidación final de la compañía fundada en 1951. La resolución marca el fin de una firma que, en sus años de mayor esplendor, llegó a liderar el mercado nacional con más de 200 sucursales y una planta de 4.500 empleados en todo el país.
Al momento de dictarse la quiebra, la estructura de la empresa se encontraba reducida al mínimo, con apenas tres locales abiertos en la Ciudad de Buenos Aires y un depósito operativo en la localidad de Garín. El proceso concursal, iniciado en noviembre de 2021, estuvo marcado por la falta de inversores concretos y el fracaso de diversas negociaciones con grupos interesados. Aunque firmas como el fondo Inverlat analizaron la posibilidad de un rescate, las propuestas nunca llegaron a materializarse y la empresa fue perdiendo progresivamente su capacidad logística y comercial.
La caída de la cadena también arrastra a otros negocios vinculados al grupo, como Compumundo, Garbarino Viajes y las plantas industriales ubicadas en Tierra del Fuego, que permanecen paralizadas desde hace tiempo. A pesar de las intimaciones judiciales previas y de un breve período en el que se intentó suspender la medida mediante depósitos parciales de deuda, la falta de una propuesta formal de reestructuración por parte de los interesados inscriptos terminó por sellar el destino final de la compañía.