Matías Uliarte nunca imaginó que su camino profesional terminaría entre placas y estudios de rayos. “La radiología me encontró de casualidad, no era mi objetivo. Llega un punto en la vida en el que uno debe decidir hacia dónde encarar, y se me dieron un par de cosas que terminaron derivando en esto”, cuenta el técnico radiólogo, quien hoy se desempeña tanto en el Hospital Regional como en La Española.
Recuerda que no fue fácil comenzar: “Si bien es una profesión práctica, no es que uno termina de estudiar y te vienen a buscar. Lleva todo un proceso. En Córdoba fue mi primer trabajo, y ese fue un empujón importante”, dijo en diálogo con Del Mar Digital.
Con el paso del tiempo, Uliarte aprendió a convivir con la complejidad emocional de su tarea. “En la parte pública el trabajo es más rústico, más austero. Es difícil trabajar con personas accidentadas. Y desde que soy papá, me cuesta mucho más cuando se trata de niños. La situación con los pacientes y las familias puede ser muy dura”, confiesa.
Entre las experiencias más difíciles, recuerda el caso de Yasmin Chacoma, la niña víctima del incendio en las 1008 Viviendas. “Me tocó hacer la radiología. Fue lo más shockeante que viví en mi carrera. Ya era padre, y me costó mucho salir del escenario. Es fuerte, porque uno está frente a una persona, a una vida”.
A pesar de todo, dice haber encontrado en la radiología un lugar donde se mezclan la ciencia, la sensibilidad y la vocación de servicio. “Somos un eslabón importante: sin una buena imagen, el médico no puede saber lo que está viendo. Nuestra tarea no siempre se ve, pero es esencial en cada diagnóstico”.