En el día de su cumpleaños, el padre Antonio Pozos recordó en Nuestras Mañanas los momentos que marcaron su vocación religiosa. “Nací en el hospital de Diadema, tengo todo registrado”, contó al comenzar la entrevista.
Su primer acercamiento a la fe surgió en la infancia, cuando asistía junto a su familia a la iglesia de Las Chacras. “Me encantaban los cantos y cómo predicaban. Mi abuela dice que volvía a casa, ponía una biblia y repetía el sermón con 4 o 5 años”, recordó entre risas. Ese juego infantil se transformaría con los años en una convicción profunda: “Siempre me atrajo la palabra y el servicio”.
Entre la búsqueda personal y el llamado interior
Pozos admitió que su fuerte concepto de familia y su carácter “enamoradizo” retrasaron su ingreso al seminario. En su adolescencia cursó en la escuela del Obispado en Sarmiento, aunque luego se trasladó a Beltrán para continuar sus estudios.
De regreso en Comodoro Rivadavia, creyó que su futuro estaría ligado a otra profesión: “Quería estudiar Veterinaria y me fui a Tandil, y ahí también me encontré con la vocación”.
Luego inició la carrera de Abogacía en la ciudad, pero las vacaciones marcaron un antes y un después. “Decidí seguir lo que sentía y me fui a la Facultad de Teología y a la casa de formación. Monseñor Moure me dijo que ya lo veía venir”, relató.
Ordenación y primeros años de servicio
Pozos completó el profesorado en Teología y comenzó su camino pastoral. Fue diácono un año en Cristo Rey de Rada Tilly, entre 1991 y 1998. Más tarde, pasó a la parroquia Santa María Goretti.
Finalmente, en 1992 fue ordenado sacerdote en la Catedral de Comodoro Rivadavia, un momento que marcó para siempre su identidad religiosa.
“Siempre me quedó eso de servir y predicar la palabra”, resumió sobre su vocación, la misma que hoy celebra en un nuevo cumpleaños.
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