En esta oportunidad, el mandatario buscó validar sus posturas ideológicas a través de los resultados de sus dos años de administración, destacando la implementación de más de 13.500 reformas estructurales y la eliminación de un déficit fiscal que cifró en el 15% del PIB.
Durante su intervención, Milei sostuvo que el sistema capitalista “no solo es el motor del crecimiento económico, sino que posee una superioridad ética y moral frente al socialismo”, doctrina a la cual atribuyó la decadencia de las sociedades.
En términos geopolíticos, el presidente argentino evitó referirse a conflictos actuales como la situación en Medio Oriente o las tensiones territoriales en Groenlandia, y prefirió enfocar sus críticas hacia el gobierno de Venezuela, al que calificó de “narcodictadura”. Concluyó su discurso afirmando que América está liderando un renacer de las ideas de la libertad que servirá de ejemplo para el resto de Occidente.
Más allá de lo discursivo, la agenda oficial incluyó una fuerte impronta técnica y financiera. El jefe de Estado, acompañado por su equipo económico, mantuvo reuniones con directivos de las principales entidades bancarias y fondos de inversión globales, como BlackRock, Citigroup y BBVA. El objetivo central de estos encuentros fue atraer capitales hacia activos argentinos y bonos públicos para lograr una baja en el riesgo país, lo que permitiría al Gobierno refinanciar vencimientos de deuda y reducir la presión sobre el mercado de cambios local.