La demanda, iniciada en 2015 tras el resultado positivo de un ADN que la vinculó biológicamente con el ícono del cuarteto, buscó no sólo su reconocimiento legal, logrado en 2021, sino también una compensación económica por años de abandono. El fallo adjudicó 40,3 millones por daño moral y 51,9 millones por daño patrimonial, más intereses, totalizando así 92,2 millones de pesos
El juez señaló en su resolución que “el padre se negó sistemáticamente a conocerla a pesar de saber del embarazo de su madre”. Asimismo, se advirtió que Natalia fue privada de su identidad durante su infancia y adolescencia, una situación que el tribunal consideró “una pérdida de chance” para el vínculo familiar, responsabilidad que ahora fue monetariamente reparada.

“Toda la vida tuve contacto con él… pero jamás me reconoció legalmente hasta que lo exigí”, relató Natalia en declaraciones públicas. “Hoy puedo mirarme al espejo y decir quién soy; ahora sí tengo un papel”. La mujer también recordó que, tras enterarse a los ocho años por su abuela de quién era su padre, La Mona sólo cubrió cuotas escolares durante un tiempo, sin vínculo emocional.
El fallo aún puede ser apelado en dos instancias superiores. No obstante, los abogados de Natalia expresaron su confianza en que será refrendado y destacaron que, de confirmarse, también podría convertirse en heredera legal del cantante.
Para Natalia, el fallo representa algo más que una compensación económica: significa el cierre de un ciclo doloroso y la afirmación de su identidad. “No inventé nada de lo que dije. El sufrimiento llegó a su fin”, aseguró emocionada.
Con este fallo, Natalia cierra una etapa legal y abre otra en la que busca reconocimiento público y emocional. Mientras tanto, el legado artístico de “La Mona” quedará bajo nuevas luces judiciales.