Tras la difusión de los resultados del Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en estudiantes secundarios, elaborado por el Observatorio Argentino de Drogas, desde distintos sectores vinculados a la salud y las estadísticas provinciales manifestaron su preocupación por el escenario que reflejan los números en Chubut.
El relevamiento —que históricamente se realizaba de manera anual y que en esta edición corresponde al año pasado— mide el consumo declarado en los últimos 30 días. Es decir, se considera dentro de la estadística a aquellos estudiantes que respondieron afirmativamente haber consumido alguna sustancia en ese período.
En ese marco, se advirtió que la provincia presenta índices superiores al promedio nacional en lo que respecta a drogas consideradas más duras, mientras que en sustancias como marihuana, alcohol y tabaco se observa una tendencia a la disminución en comparación con años anteriores.
Incremento en edades más tempranas
Uno de los puntos que más inquietud genera es el corrimiento en la edad de inicio. Según antecedentes del estudio de 2017, ya se había detectado un incremento en el consumo de sustancias ilícitas en la franja de 12 y 13 años, con un crecimiento significativo —incluso triplicado en aquel momento— en el uso reciente de marihuana.
Los valores más altos se concentran en determinadas franjas etarias, lo que enciende una señal de alerta por el impacto a mediano y largo plazo, especialmente cuando esos adolescentes ingresan al mundo laboral. “Cuando el consumo comienza de manera temprana, tiende a incrementarse al momento de incorporarse al trabajo”, señalaron.
“Falta un estudio serio sobre las causas”
Desde el ámbito técnico remarcaron que, si bien los datos son contundentes, aún falta un análisis profundo que permita comprender los motivos detrás del fenómeno.
“Estos números nos alarman, nos preocupan y nos ocupan. Pero también necesitamos un estudio serio que explique qué está pasando y qué vacío está llenando el consumo de sustancias en la adolescencia. ¿Qué está mirando ese joven cuando piensa en el futuro?”, plantearon.
En ese sentido, se hizo referencia a factores múltiples: la falta de límites en el ámbito educativo y familiar, el rol de la ley como herramienta necesaria pero insuficiente, y la necesidad de que las autoridades asuman una intervención integral.
Un abordaje que excede la salud
Si bien en el sistema sanitario existen herramientas de abordaje, se reconoció que no resultan suficientes frente a la magnitud del problema. Las políticas públicas —advirtieron— no pueden circunscribirse únicamente al área de salud, sino que deben pensarse de manera transversal.
“Esto obliga a mirarlo con integralidad. No es solo una cuestión sanitaria. Hay una crisis más amplia, una falta de horizonte en muchos jóvenes, y ese vacío muchas veces se llena con este tipo de conductas”, expresaron.
Finalmente, coincidieron en que la respuesta estatal requiere planificación, continuidad y articulación entre educación, salud, desarrollo social y trabajo, para enfrentar una problemática que atraviesa a toda la sociedad.