Según información revelada por el periodista Mauro Szeta en Blender, la hermana de la víctima habría declarado que, al llegar al departamento, se encontró con Leclercq en el hall; ambas ingresaron juntas, pero la profesional habría aprovechado la confusión inicial para manipular el celular del fallecido incluso antes del arribo del personal policial.
Cronología de una escena bajo sospecha
El registro de las cámaras de seguridad del edificio terminó de cercar el relato oficial. Las imágenes muestran el ingreso de dos mujeres vestidas con ambo médico y de Delfina Lanusse, a quien se ve salir de la escena de muerte cargando una tablet negra. Este movimiento de dispositivos electrónicos, sumado a que Leclercq fue la última persona en comunicarse vía celular con Zalazar horas antes de su deceso, motivó allanamientos que se concretaron semanas después.
Durante estos operativos, Leclercq habría incurrido en serias contradicciones: inicialmente afirmó que su teléfono estaba en reparación, pero ante la presión policial terminó confesando que lo tenía en la casa de un vecino. Finalmente, la Justicia logró secuestrar la tablet retirada el día del hallazgo en uno de los domicilios de la médica.
Logística del horror: viajes controlados y reanimación casera
Más allá de las sospechas de encubrimiento, la causa destapó una red de “viajes controlados” que funcionaba bajo una falsa apariencia de seguridad profesional. Los encuentros se realizaban en departamentos privados y contaban con una logística asombrosa para la ilegalidad del acto, utilizando bombas de infusión para administrar fármacos de uso exclusivo hospitalario, como propofol y fentanilo.
El objetivo era alcanzar estados de preanestesia sin perder la conciencia, una práctica de riesgo extremo que contaba con una “guardia” improvisada: asistentes con equipos de reanimación manual (ambú) listos para intervenir ante los paros respiratorios, una práctica que en la jerga de la red denominaban “ambucear”. Incluso, para evitar ser descubiertos, los participantes se inyectaban en la planta del pie, buscando no dejar marcas visibles de punción.
La trazabilidad de las drogas
El escándalo puso el foco en la seguridad del Hospital Italiano, desde donde se habrían filtrado estas drogas que no se consiguen en farmacias y poseen un margen de seguridad mínimo. Una diferencia ínfima en la dosificación puede provocar una depresión respiratoria letal.
Para “limpiarse” tras sesiones que podían durar hasta siete horas, los organizadores aplicaban sueros de recuperación que permitían a los asistentes retomar sus actividades sin el estado de aletargamiento típico de la anestesia. Mientras la institución inició un sumario interno para determinar cómo se sustraían los insumos, la Justicia avanza sobre las figuras de Lanusse y Leclercq por el presunto robo de fármacos y el ejercicio ilegal de la medicina.
El antecedente de 2023
A la reciente muerte de Zalazar y las dudas sobre el enfermero Eduardo Betancur, se suma ahora un estremecedor antecedente del año 2023. La familia de una médica anestesista que fue hallada muerta en circunstancias idénticas se comunicó con Mauro Szeta para ayudar a visibilizar su caso.
En aquel entonces, la causa se cerró en apenas cinco horas como un suicidio, a pesar de que la mujer fue encontrada sentada e inyectada, sin haber mostrado signos previos de depresión. Según relatan sus familiares, al llegar al lugar se encontraron con un compañero de trabajo que insistió en que no ingresaran a la escena, recomendación que luego fue reforzada por los encargados de la pericia. Hoy, ante la emergencia de esta red criminal, la familia denuncia que la autopsia fue apresurada y que los indicios de aquel entonces coinciden punto por punto con el modus operandi de la red que hoy conmociona al país.