Más allá de los tiempos en pista, lo que captó la atención fue el tenso intercambio radial con su ingeniero de pista, Stuart Barlow. Tras finalizar la primera sesión, Barlow se disculpó por el funcionamiento del monoplaza de Alpine, a lo que el pilarense respondió sin filtros: “Sí, está bien, pero qué desastre”.
A pesar del malestar inicial, Colapinto buscó bajar los decibeles tras bajarse del coche. “Ha sido un día de entrenamientos complicado, pero hemos aprendido mucho”, expresó el joven piloto, quien reconoció que la adaptación a un trazado tan exigente como el japonés requiere tiempo. Si bien quedó por detrás de su compañero Pierre Gasly, rescató el valor simbólico de la jornada: “Fue genial experimentarlo con un auto de F1”.
El equipo Alpine tiene ahora la tarea de revisar los datos recolectados para corregir los problemas de estabilidad que afectaron al argentino. “No estábamos del todo seguros con el coche, especialmente en algunas zonas de alta velocidad”, explicó Franco, señalando que el objetivo inmediato es recuperar la confianza antes de la clasificación del sábado en una pista que, como Suzuka, no perdona errores.