En el marco de las celebraciones de Semana Santa, el obispo reflexionó sobre el profundo significado espiritual de estos días e invitó a los fieles a vivirlos con un verdadero sentido de fe, sacrificio y solidaridad.
Al recordar los momentos centrales del calendario litúrgico, destacó especialmente la Vigilia Pascual, celebrada durante la noche del Sábado Santo, donde se realizan signos cargados de simbolismo, como el encendido del fuego nuevo, que representa a Jesús resucitado, y la celebración de la eucaristía. Señaló que se trata de celebraciones con una gran riqueza espiritual que invitan a recordar la entrega de Jesús y su resurrección.
Asimismo, el obispo aclaró dudas frecuentes sobre las prácticas alimentarias durante la Semana Santa. En ese sentido, explicó que la Iglesia no establece la obligación de comer pescado ni considera pecado no hacerlo. Remarcó que la abstinencia de carne es una práctica penitencial que puede reemplazarse por otros gestos significativos.
“La Iglesia no dice que haya que comer pescado; se trata de una práctica penitencial que puede reemplazarse por otra alimentación o por un signo concreto”, expresó. En esa línea, mencionó que una forma habitual de vivir este espíritu es mediante ofrendas solidarias, como la donación de alimentos para personas necesitadas, especialmente durante el Jueves Santo.
Además, sostuvo que la verdadera penitencia no consiste únicamente en cambiar un alimento por otro, sino en realizar un sacrificio con sentido. “No tiene sentido comer pescado y no hacer nada desde el corazón y desde la fe”, señaló, al tiempo que destacó la importancia de que la privación personal se transforme en ayuda para quienes atraviesan situaciones de necesidad.
Finalmente, el obispo remarcó que lo esencial de estas prácticas es vivir un pequeño sacrificio que fortalezca la fe y promueva la solidaridad, recordando que aquello de lo que una persona se priva puede convertirse en una ofrenda concreta para otros.