Sam Darnold consiguió lo que durante años pareció imposible: vencer las narrativas negativas que lo acompañaron desde el inicio de su carrera y transformarse en el líder de un equipo finalista de Super Bowl. El mariscal de campo guió a los Seattle Seahawks a su primera presencia en el juego más importante de la NFL en más de diez años, coronando un recorrido tan inesperado como cautivante.
Formado en la Universidad del Sur de California, Darnold fue parte de la recordada camada de mariscales del Draft 2018 y fue seleccionado en la tercera posición general por los New York Jets, incluso por encima de Josh Allen y Lamar Jackson, quienes con el tiempo se consagrarían como jugadores MVP. Con apenas 21 años, el californiano cargó con la presión de ser la esperanza de una franquicia golpeada por el caos interno y la falta de resultados.
El contexto terminó siendo demasiado pesado. Su paso por los Jets estuvo marcado por derrotas, errores y una escena que quedaría grabada en la memoria de la liga: durante una dura caída ante New England Patriots, Darnold confesó sentirse como si “viera fantasmas”. Aquella frase se convirtió en un estigma difícil de borrar y simbolizó el fracaso de su etapa en Nueva York.
En 2021 fue traspasado a los Carolina Panthers, pero el cambio de aire no trajo la recuperación esperada. Tras dos temporadas irregulares, Darnold volvió a quedar relegado, esta vez como suplente, y su continuidad en la NFL comenzó a estar seriamente en duda.
El punto de inflexión llegó en San Francisco 49ers. Sin la presión de ser titular y bajo la conducción de Kyle Shanahan, Darnold pudo reencontrarse con su juego. En su única aparición como titular mostró una versión mucho más sólida, lejos de aquel quarterback inseguro de sus primeros años.
La oportunidad definitiva apareció en Minnesota Vikings, cuando una lesión del novato JJ McCarthy en la pretemporada lo obligó a asumir la titularidad desde la primera semana. Contra todos los pronósticos, Darnold respondió con actuaciones consistentes, lideró una de las ofensivas más efectivas de la liga, disputó por primera vez los playoffs y fue reconocido como el jugador de mayor progreso de la temporada.
Ese renacer terminó de consolidarse en Seattle, donde se convirtió en la cara de un equipo que volvió a soñar en grande. Hoy, Sam Darnold no solo jugará un Super Bowl: también cerró un largo capítulo de dudas y críticas para escribir, finalmente, una historia de reivindicación en la NFL.
Con informaciòn de TyC Sports