(Soledad Herrera- Licenciada en Periodismo)
El 11 de octubre de 2025 dejó de ser una fecha más en el calendario de Comodoro Rivadavia. Desde ese día, Pedro y Juana no volvieron a casa. Una pareja de jubilados, un viaje sencillo y una historia que, con el paso del tiempo, se transformó en una herida abierta para la ciudad.
Nada fue como se esperaba. No hubo llamados de auxilio, no hubo testigos, no hubo rastros claros. Solo el silencio. El hallazgo de la camioneta en la que viajaban, detenida en una zona inhóspita, con todas sus pertenencias en el interior, se convirtió en la única certeza en medio de tantas preguntas. Las pericias confirmaron que solo ellos estuvieron dentro del vehículo, descartando la intervención de terceros. Sin embargo, ese dato, lejos de cerrar el caso, profundizó la angustia.
La familia sigue esperando. Cada día que pasa pesa más. El tiempo avanza, pero las respuestas no llegan, no llegaron. La búsqueda se extendió durante semanas con operativos por tierra, mar y aire, mientras la esperanza se sostenía en pequeños gestos y en la necesidad de no resignarse al silencio.
El último momento en el que alguien los vio quedó registrado por cámaras de seguridad en Comodoro Rivadavia, durante la mañana de aquel viernes. Después de eso, el vacío. No hubo más imágenes, no hubo comunicaciones, no hubo señales que permitieran reconstruir el final del viaje.
Hoy, no hay hipótesis firme, no hay cierre, no hay certezas. Solo una ausencia que se siente. Un 2025 recordado como el año sin Pedro y Juana, una historia que, para quienes aún se aferran a la esperanza, todavía espera ser contada con un final distinto.