Comodoro Rivadavia no solo se caracteriza por su mar, sus cerros y su diversidad de suelos, sino también por una compleja y poco visible herencia petrolera bajo tierra. Así lo advirtió el topógrafo Eduardo Dunaj, quien reveló que dentro del ejido urbano existen miles de pozos petroleros abandonados, muchos de ellos ubicados hoy en barrios densamente poblados.
“Cuando uno ve el mapa completo, Comodoro es literalmente un colador”, afirmó Dunaj, al explicar que gran parte de estos pozos fueron perforados durante las primeras etapas de explotación petrolera, cuando los pozos eran someros —entre 450 y 700 metros— y se realizaban uno al lado del otro.
Según detalló, dentro del ejido de la ciudad se distinguen dos grandes áreas. En la zona sur, hacia el Cerro Arenal y el faldeo del Chenque, se contabilizan alrededor de 2.800 pozos, muchos de ellos fuera del casco urbano. En cambio, en la zona norte hay más de 2.000 pozos, la mayoría directamente dentro de los barrios, como Kilómetro 3, 4, 5, 8 y sectores históricos cuyos nombres surgieron justamente de la numeración de los pozos, como el barrio 128 o el 62.
“Los obreros vivían prácticamente al lado del pozo. En algunos campamentos, donde hoy habría una plaza, antes había una torre de perforación”, recordó Dunaj, destacando que la urbanización avanzó sobre áreas petroleras sin que se realizaran abandonos técnicos adecuados.
Uno de los principales problemas actuales es la imprecisión en los sistemas de referencia antiguos. Muchos pozos fueron ubicados tomando como punto cero al Pozo N°2 —el del descubrimiento— y se describían en distancias relativas, lo que hoy dificulta enormemente su localización exacta. “Para encontrarlos, muchas veces hay que repetir el mismo trabajo topográfico que se hizo hace 50 años”, explicó en diálogo con Nuestras Mañanas por Radio del Mar.
El riesgo, advirtió, es concreto: muchos pozos no están técnicamente abandonados, es decir, no cuentan con el sellado de hormigón correspondiente. “Puede haber pozos cortados a dos metros de profundidad, con bombas y cañerías todavía abajo. Por eso es fundamental saber exactamente dónde están”, señaló.
Dunaj también alertó sobre escenarios de riesgo vinculados a la recuperación secundaria o terciaria de yacimientos activos. “Si se reactiva la presión en una formación, los pozos viejos pueden volver a manifestarse. Eso ya pasó en la zona de Kilómetro 20, donde comenzaron a brotar pozos vecinos”, explicó.
Si bien reconoció que los relevamientos tienen un costo elevado, consideró que vale la pena prevenir antes que intervenir cuando ocurre una emergencia, especialmente en zonas aún no urbanizadas. “Antes de lotear o construir, hay que hacer estudios previos. Eso da tranquilidad a futuro”, aseguró.
El especialista recordó casos emblemáticos, como el pozo N°4 que funcionaba dentro del predio de una empresa o pozos hallados en patios y plazas sin que los vecinos supieran de su existencia. “Hay muchos que están sepultados y nadie lo sabe”, concluyó.