Cada 28 de julio, la provincia del Chubut conmemora una de sus fechas identitarias más significativas: la llegada de los primeros colonos galeses a bordo del velero Mimosa. A 161 años de aquel desembarco pionero en las costas del Golfo Nuevo (Puerto Madryn), la efeméride no solo constituye un día festivo en el calendario oficial de la provincia, sino que representa el punto de partida de una huella cultural indeleble presente en la arquitectura, la gastronomía, la educación y el lenguaje de la Patagonia.
“Estamos esperando a las 10 para izar la bandera en la plaza. Y a las 11 nos vamos a reunir en el CePTur, se cambió el lugar del acto” contó Marta Oliva, secretaria de la Asociación San David en Nuestras Mañanas en Radio Del Mar. “Mi tatarabuelo llegó en el Mimosa. Fue el noveno registrado en la colonia”.

“Fue la búsqueda de cultivar las tierras, porque llegaron y se encontraron con algo muy distinto, con las herramientas que tenían en ese momento, calefaccionarse con leña, construir sus casas con barra y paja, parte de la casa de mi abuela tenia esa construcción, siempre primó su limpieza y el orden” dijo Oliva.
“En la zona de Rio Colorado, estaba todo organizado con el ministro del interior que era Rawson, y el presidente era Mitre, tenian una política de que la gente poblara al sur del Rio Colorado, por el riesgo de perder las tierras de esta zona” recordó Oliva de la llegada de los galeses.

La epopeya comenzó el 28 de julio de 1865, cuando 153 inmigrantes —entre hombres, mujeres y niños— tocaron tierra tras más de dos meses de navegación atlántica con el afán de preservar sus tradiciones, costumbres e idioma. Desde la costa madrynense iniciaron la marcha hacia el valle inferior del río Chubut, erigiendo asentamientos productivos que con los años dieron vida a centros urbanos como Rawson, Trelew, Gaiman, Dolavon, Trevelin, Esquel y la localidad de 28 de Julio.

Si bien la festividad estuvo concentrada históricamente en Trelew, desde el centenario de la gesta en 1965 impulsado por la Asociación San David, la conmemoración adquirió un formato itinerante. Esto permitió sumar activamente a distritos de toda la geografía provincial, incluidos Comodoro Rivadavia y Sarmiento, visibilizando la continuidad de tradiciones como los eisteddfod, las emblemáticas casas de té, los coros, el idioma y la repostería artesanal.
Lejos de quedar relegada al plano del recuerdo histórico, la herencia de la gesta de 1865 muestra una renovada vigencia impulsada por las capas juveniles de la sociedad.


