Mientras los comités de seguridad de la FIFA y las autoridades de los Estados Unidos mantenían la máxima alerta enfocada en prevenir incidentes entre hinchas argentinos e ingleses, la violencia más rancia de nuestro fútbol estalló de la manera menos pensada en América del Norte. En la tarde del martes, durante el masivo y colorido banderazo de apoyo a la Selección que realizaban miles de fanáticos en las calles de Atlanta, los barras bravas de San Lorenzo y Huracán protagonizaron una feroz batalla campal que incluyó golpes de puño, corridas y una lluvia de sillazos que destrozó un bar comercial.
El enfrentamiento, que buscó reeditar los graves incidentes que ambas parcialidades ya habían protagonizado en el Mundial de Rusia 2018, venía precedido de un fuerte clima de hostilidad y amenazas cruzadas en las redes sociales. Por el lado de Boedo, la facción de “La Butteler” enfrente el grupo de “La Plaza José C. Paz” de Parque Patricios.
Hasta el momento, la convivencia en el país norteamericano se había mantenido en una tensa calma debido a que los grupos paraban en alojamientos distantes y la organización les había asignado entradas en sectores totalmente opuestos de los estadios. Sin embargo, el histórico folklore del banderazo nacional congregó a miles de personas y rompió los esquemas de dispersión. En el punto de encuentro se mezclaron facciones de Racing, Belgrano, Barracas Central y Almirante Brown, transcurriendo la jornada en paz hasta que un grupo de la facción de Huracán comenzó a proferir provocaciones directas hacia el núcleo de San Lorenzo.
En cuestión de segundos, la situación se desmadró por completo y el espacio público se convirtió en una zona de guerra. Los violentos se trenzaron a golpes utilizando elementos contundentes y mobiliario de los comercios gastronómicos aledaños, provocando el desbande generalizado de familias y simpatizantes comunes que pretendían disfrutar de la previa mundialista. El caos motivó el rápido despliegue de las patrullas de la policía local de Atlanta, que cercaron el perímetro del conflicto y lograron neutralizar la trifulca, procediendo a la detención inmediata de tres barras que se resistieron a deponer su actitud violenta.
Las repercusiones institucionales del bochorno no tardaron en llegar desde la delegación nacional y se busca individualizar a todos los partícipes de la gresca. Para aquellos que logren ser identificados, el Ministerio de Seguridad dictará de forma inmediata la aplicación del derecho de admisión a perpetuidad, prohibiéndoles el ingreso de por vida a los estadios de la República Argentina.