La euforia por el triunfo 2-0 de la Selección Argentina ante Austria en el Mundial 2026 derivó rápidamente en un encendido cruce de chicanas y debates históricos en las plataformas virtuales. La gran protagonista de la jornada fue la senadora nacional Patricia Bullrich, quien encendió la polémica en Instagram al publicar una fotografía vistiendo la camiseta albiceleste y parodiando de manera irónica la tradicional seña de la “V” peronista junto a la consigna “para la victoria”.
Sin embargo, la jugada virtual de la legisladora provocó un efecto bumerán. El comentario con mayor cantidad de interacciones y “me gusta” en las réplicas de la publicación apuntó de lleno a la biografía política de la propia funcionaria: “¡Siempre uno vuelve donde fue feliz, Pato! Jeje”, rezaba el mensaje. El texto estuvo acompañado por imágenes de archivo sumamente difundidas donde se observa a una joven Patricia Bullrich participando activamente de los actos de la Juventud Peronista (JP). Una de las fotografías exhibidas corresponde a los afiches de un masivo e histórico acto de la JP en el estadio Luna Park a mediados de 1984, donde ella figuró formalmente como una de las principales oradoras organizativas del peronismo de la época.
El vínculo de Bullrich con el movimiento justicialista comenzó durante su adolescencia en la tumultuosa década de 1970. La dirigente ha reconocido públicamente en diversas oportunidades su pertenencia a la Juventud Peronista, un espacio que en aquellos años funcionaba en estrecha ligazón con la organización Montoneros. Sus lazos familiares también reforzaban esa inserción, dado que su hermana mayor, Julieta Bullrich, era la pareja de uno de los principales líderes de la conducción de dicha estructura armada, Rodolfo Galimberti. Tras el advenimiento de la dictadura militar, esta militancia la forzó a un exilio en el exterior antes de regresar al país con la restauración democrática.
El origen del símbolo que la senadora eligió usar en su festejo mundialista se remonta a los complejos años de persecución iniciados tras el golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955. En aquel período de clandestinidad, la resistencia del movimiento obrero logró resignificar un grafismo de origen religioso y marcadamente antiperonista. Originalmente, los aviones militares que bombardearon la Plaza de Mayo en junio de ese año llevaban estampada en sus fuselajes una “V” entrelazada con una cruz que significaba “Cristo Vence”. En las calles, los militantes modificaron de manera sistemática aquellas pintadas para transformar la cruz superior en una letra “P”, dando nacimiento a la sigla “PV” (“Perón Vuelve”) que luego se consolidaría en el tradicional gesto manual de los dedos en alto.