COMODORO RIVADAVIA Y RADA TILLY  |  Miércoles 26 de agosto, 2026
en Patagonia

Científicas del CENPAT aportan nuevas evidencias sobre la historia de invasión del cangrejo verde

Especialistas del IDEAus demostraron a través de análisis genéticos la presencia de distintos linajes de este crustáceo en la región y un patrón consistente con múltiples eventos de introducción.

Los cangrejos verdes se encuentran entre los invasores costeros más exitosos a nivel mundial y pueden generar importantes impactos en los ecosistemas, incluidos  los del Atlántico Sudoccidental. Su presencia puede modificar los hábitats costeros y afectar a las especies nativas, tanto como depredadores como al formar parte de la dieta de otras especies. Además, su expansión podría tener consecuencias para actividades de importancia económica, como las pesquerías locales y el turismo.

En la Patagonia argentina, el cangrejo verde fue registrado por primera vez en 1999-2000 en el Golfo San Jorge, probablemente introducido a través de agua de lastre de un buque y desde entonces su presencia se ha documentado progresivamente hacia el norte, alcanzando el Golfo Nuevo, Golfo San José y más recientemente el Golfo San Matías.

La costa patagónica alberga tres puertos comerciales internacionales principales (Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn y San Antonio Este), todos reconocidos como puntos de entrada potenciales para especies marinas no nativas a través de la descarga de agua de lastre y el incrustamiento biológico en cascos.

Hasta el momento se creía que la historia de invasión del cangrejo verde en la región se explicaba a partir de un único evento seguido de una expansión. Un nuevo estudio realizado por científicas del Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus-CONICET) aporta evidencia de que la llegada de esta especie a la región involucra múltiples eventos de introducción, tanto en tiempo como en espacio. “Comenzamos esta investigación porque queríamos entender mejor la historia de invasión del cangrejo verde en la Patagonia. La hipótesis que se había planteado era que la invasión podía explicarse a partir de una única introducción, seguida de una expansión hacia el norte. Nos interesaba poner a prueba este escenario y conocer qué podía aportar la diversidad genética a la reconstrucción de esta historia”, explica Berenice Trovant, investigadora del IDEAus, quien trabajó junto a Irina Silva del mismo instituto y a Ivanna Tomasco de la Universidad de la República (Uruguay).

A través de análisis genéticos utilizando el gen mitocondrial COI en la costa patagónica, confirmaron la presencia de ADN mitocondrial de dos especies del género Carcinus en el Golfo Nuevo, el cangrejo verde europeo (C. maenas) y el cangrejo verde del Mediterráneo (C. aestuarii), y extendieron este registro a los golfos San José y San Matías.  La ausencia de ADN mitocondrial del cangrejo verde del Mediterráneo en el golfo San Jorge sugiere que bajas temperaturas podrían limitar su distribución hacia los sectores más australes.

Los resultados también aportaron evidencia sobre la historia de la invasión. En C. maenas se observó una mayor diversidad genética hacia el norte de la distribución. Si la invasión hubiera comenzado con una única introducción y luego la especie se hubiera expandido hacia el norte, se esperaría que la diversidad genética disminuyera hacia el frente de expansión, porque las nuevas poblaciones se formarían a partir de una parte de la variación genética de las poblaciones que las precedieron. En cambio, los resultados son consistentes con un escenario más complejo de lo que se pensaba.

En C. aestuarii, además, se encontraron dos haplotipos mitocondriales muy divergentes entre sí asociados a diferentes regiones de su área nativa. En conjunto, estos resultados sugieren que distintos linajes de Carcinus podrían haber llegado a Patagonia a través de distintos eventos de introducción. Un dato clave es que los cangrejos no siempre son lo que parecen: en una proporción importante de los ejemplares analizados, la identificación basada en la apariencia externa no coincidió con la identificación genética. En el futuro, hacer estudios genéticos más exhaustivos permitirá investigar si existe hibridación entre estas especies y comprender mejor los procesos que favorecen su expansión a lo largo de la costa.

“Esta complejidad también plantea nuevas preguntas sobre la evolución de las poblaciones invasoras una vez que llegan a una nueva región. Carcinus maenas y C. aestuarii son especies que, en sus áreas nativas, mantienen diferencias que contribuyen a su aislamiento reproductivo. Sin embargo, cuando especies cercanamente relacionadas entran en contacto fuera de su área de distribución natural, pueden generarse oportunidades de hibridación e intercambio genético. Aunque nuestro estudio no aporta evidencia directa de que esto esté ocurriendo en Patagonia, es una posibilidad que merece ser investigada.

La generación de nuevas combinaciones genéticas podría, en determinadas circunstancias, ampliar el potencial adaptativo de las poblaciones invasoras y favorecer su establecimiento y expansión”, finaliza Trovant.

El trabajo original puede consultarse en https://link.springer.com/article/10.1007/s12237-026-01796-1

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Especialistas del IDEAus demostraron a través de análisis genéticos la presencia de distintos linajes de este crustáceo en la región y un patrón consistente con múltiples eventos de introducción.