En lo alto del barrio Altos de las Flores, Laura Aguirre abre todos los días las puertas de su comedor para alimentar a más de 100 personas. Lo hace como un acto de agradecimiento: años atrás, cuando atravesó momentos de mucha necesidad, encontró contención en el merendero de Mirella Angulo. Hoy, inspirada por esa experiencia, decidió devolver lo recibido ayudando a quienes más lo necesitan.
“Fue un modo de agradecer lo que hicieron por mí”, dice Laura, emocionada, mientras prepara el guiso del día. Su familia la apoya, aunque por problemas de salud, sus hijos le habían pedido que dejara la actividad. “Lo intenté. Me fui dos meses a Santa Fe, pero no aguanté. Volví. Sentí que mi lugar estaba con esta gente”, cuenta.
El comedor funciona en un salón de 10 por 6 metros, amplio y austero. Allí se reparten viandas a diario: lentejas, fideos, locro o lo que se consiga gracias a las donaciones. Las familias llegan con sus tuppers y ollas desde distintos barrios: Las Flores, La Floresta y Jorge Newbery.
Además de comida caliente, Laura también recibe y entrega ropa, muebles usados y todo tipo de elementos útiles. “Lo que sea sirve, la gente lo necesita”, asegura. En el comedor viven actualmente tres mujeres con sus hijos, una de ellas embarazada y otra que perdió todo durante las últimas lluvias.
“Es muy fuerte ver la carita de una criatura o el abrazo de una mamá agradecida. Es ahí donde uno siente que vale la pena”, expresa.
Quienes deseen colaborar pueden comunicarse al 297-461-9383. Se reciben alimentos, ropa en buen estado, muebles y cualquier otro artículo que pueda mejorar la vida de quienes atraviesan una situación difícil.