Una tragedia de proporciones dramáticas conmociona a Colombia tras el potente terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el territorio nacional. Según el último reporte oficial brindado por la administración del presidente Abelardo de la Espriella, la cifra de víctimas fatales se elevó a 181 personas, mientras que los heridos superan los 1.300 y se calcula que hay más de 2.000 desaparecidos. Ante la magnitud de los daños, el Poder Ejecutivo declaró la emergencia nacional para agilizar el envío de recursos y asistencia a las zonas de desastre.
El epicentro del movimiento telúrico se localizó cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, aunque los daños más severos se concentran en el Eje Cafetero y el suroeste del país. La ciudad de Pereira registra al menos 60 fallecidos y un apagón masivo que complica las labores nocturnas, mientras que en Cali se confirmaron 85 muertos, 885 heridos y el colapso de infraestructuras críticas, lo que obligó al alcalde Alejandro Eder a decretar el toque de queda.
Las tareas de asistencia se desarrollan en un contexto caótico y contra el reloj. Equipos de bomberos, socorristas y brigadas de voluntarios montan cadenas humanas entre montañas de escombros con la esperanza de hallar sobrevivientes. El impacto institucional es devastador: el reporte gubernamental contabiliza 61 edificios totalmente colapsados, 18 centros sanitarios con severas averías —entre ellos el Hospital Universitario del Valle en Cali— y 52 escuelas afectadas, además de la suspensión de operaciones en seis aeropuertos por daños edilicios.
La comunidad internacional reaccionó de inmediato ofreciendo asistencia humanitaria y despliegue logístico. Estados Unidos anunció un fondo de emergencia de 15,5 millones de dólares, la Unión Europea puso a disposición la red satelital Copernicus para localizar personas atrapadas y países como la Argentina, Chile, México, Venezuela, Israel y El Salvador ofrecieron el envío de brigadistas. En el plano espiritual, el papa León XIV expresó su profunda pena por la catástrofe que revive el fantasma del trágico sismo de 1999 en la región cafetera.