Este 26 de enero se cumplen diez años de la desaparición de Nicolás Capovilla, ocurrida en la madrugada de 2016 en Comodoro Rivadavia. Tenía 35 años cuando salió de su casa para correr, como lo hacía habitualmente, y nunca regresó. Desde entonces, el caso permanece abierto y sin datos certeros sobre su paradero, convirtiéndose en uno de los episodios más dolorosos y enigmáticos de la historia reciente de la ciudad.
Las primeras horas de búsqueda incluyeron rastrillajes, análisis de cámaras de seguridad y la difusión masiva de su imagen. Con el paso del tiempo, la investigación se fue diluyendo entre pistas que no prosperaron, testimonios inconclusos y una causa judicial que, a diez años, no logró determinar qué ocurrió con Nicolás. Su celular, documentación y pertenencias personales quedaron en su vivienda, un dato que desde el inicio descartó una desaparición planificada.
La familia, acompañada por amigos y vecinos, sostuvo durante todos estos años el reclamo de verdad y justicia. El Estado nacional y provincial mantuvieron vigente una recompensa para quienes aporten información, mientras que el rostro de Nicolás continúa integrando los registros oficiales de personas desaparecidas.

Un aniversario que dialoga con el presente
La conmemoración de esta década coincide con días de intensa actividad en Comodoro Rivadavia vinculada a búsquedas de personas, operativos de rastrillaje y despliegues de fuerzas de seguridad. En las últimas semanas, distintos procedimientos volvieron a poner en primer plano la preocupación social frente a las desapariciones y la necesidad de respuestas rápidas y efectivas.
En ese contexto, el caso Capovilla reaparece como una herida abierta. Mientras algunos operativos recientes lograron dar con personas buscadas y generar alivio en la comunidad, la historia de Nicolás recuerda que no todos los casos corren la misma suerte y que hay familias que llevan años esperando una noticia.

Memoria, reclamo y una pregunta sin respuesta
A diez años, la desaparición de Nicolás Capovilla ya no es solo un expediente judicial: es parte de la memoria colectiva de Comodoro Rivadavia. Su nombre atraviesa generaciones, reaparece cada enero y vuelve a plantear una pregunta que la ciudad aún no puede responder: qué pasó aquella madrugada y por qué nunca se supo más de él.
En una ciudad acostumbrada al viento, a las distancias y a las búsquedas, el caso Capovilla sigue marcando un límite. Diez años después, la ausencia permanece, y con ella, el reclamo intacto de una familia y de una comunidad que no olvida.