El Servicio de Cambio Climático de Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmaron que los océanos del planeta registraron en julio de 2026 las temperaturas superficiales más elevadas desde que existen registros instrumentales para ese mes. El calentamiento acuático coincidió con un julio que empató con el de 2024 como el segundo más cálido en la historia global, ubicándose 1,47 °C por encima de la era preindustrial. El fenómeno de ola de calor marina afectó a un 82% de las aguas del planeta durante la primera mitad del año, extendiéndose por el Pacífico tropical, el Atlántico y el Mediterráneo occidental.
El calentamiento oceánico no solo impacta en los ecosistemas marinos —provocando blanqueamiento masivo de corales—, sino que actúa como un combustible directo para las temperaturas extremas en las franjas costeras terrestres. Desde la OMM explicaron que sistemas de alta presión permanecieron bloqueados durante semanas sobre el hemisferio norte, una anomalía meteorológica que, potenciada por la acumulación de gases de efecto invernadero, eleva los techos de calor, vuelve las zonas frías menos intensas y multiplica la frecuencia y duración de los fenómenos extremos.
Las consecuencias del estancamiento atmosférico y el estrés hídrico se hacen sentir de manera crítica en Europa occidental y parte de Asia, donde la falta de humedad en el suelo aceleró la desecación de grandes cuencas fluviales como el Sena, el Rin y el Danubio. Esta condición extrema desencadenó una temporada voraz de incendios forestales en países como Francia y España, al tiempo que en regiones de Estados Unidos, Canadá y Asia Oriental se alcanzaron máximos térmicos históricos por encima de los 35 °C y 36 °C de forma sostenida.
A pesar de que el fenómeno de El Niño se encuentra activo en el Pacífico tropical y suele vincularse con un ascenso global de la temperatura, los especialistas aclararon que la ola de calor europea responde al impacto estructural del cambio climático y no a la influencia directa del ENOS, la cual tenderá a acentuarse hacia fines de año. Paralelamente, la OMM advirtió sobre el otro extremo del mapa climático: precipitaciones monzónicas torrenciales, tifones e inundaciones estragaron amplias zonas de África occidental y del sudeste asiático, dejando víctimas fatales y evacuaciones masivas en países como India, Pakistán y China.