La pelea en redes entre el gobernador Rolando Figueroa y el exministro de Economía Alfonso Prat-Gay tomó vuelo nacional cuando Javier Milei decidió meterse de lleno. Al compartir la réplica del mandatario neuquino, el Presidente no solo le dio un espaldarazo político, sino que reavivó una discusión que se siente todos los días en la Patagonia: ¿la plata de Vaca Muerta realmente le llega a la gente común o queda encerrada en el circuito petrolero?
Todo empezó cuando Prat-Gay visitó la provincia por la Copa Davis y lanzó una crítica que pegó fuerte: aseguró que el auge del gas y el petróleo “no derrama ni en Neuquén”, apuntando al parate que sufren los comercios de barrio y las pymes alejadas de los yacimientos. Figueroa salió al cruce sin vueltas: “No comparto en absoluto tus apreciaciones desde el Obelisco”, le retrucó, y sumó un informe económico para demostrar que la masa salarial del petróleo empuja a la construcción, los talleres metalmecánicos, los servicios y la creación de puestos de trabajo en blanco.
El gesto de Milei en X funcionó como una señal política de respaldo a Vaca Muerta como motor estratégico de la economía nacional. Sin embargo, en paralelo a los balances y registros oficiales, el crecimiento de la actividad convive con tensiones cotidianas en el territorio. A diferencia de cuencas históricas como la de Comodoro Rivadavia, que se configuraron originalmente alrededor de los campamentos de YPF, Neuquén ya contaba con una estructura previa consolidada en la fruticultura, el turismo y la administración pública.
Con el despegue de los hidrocarburos no convencionales, esa dinámica urbana y productiva comenzó a transformarse a un ritmo acelerado. Estimaciones provinciales dan cuenta del ingreso continuo de familias que se radican en la zona de Añelo y la Confluencia en busca de inserción laboral, lo que elevó la demanda sobre las rutas y los servicios básicos. En el sector inmobiliario, la competencia con ingresos ligados a la industria impulsó los valores de los alquileres, abriendo una marcada disparidad frente a trabajadores de la docencia, la salud, la seguridad o el comercio. Así, el cruce entre Figueroa y Prat-Gay volvió a exponer el debate sobre el impacto territorial del yacimiento: los altos niveles de producción y empleo formal por un lado, y los desafíos de infraestructura y acceso a la vivienda por el otro.