La herida por el asesinato de Bernardino “Nino” Villarroel sigue abierta en cada rincón de la ciudad, y este lunes ocurrió un hecho indignante como doloroso para sus seres queridos. A poco más de seis meses del crimen que apagó la vida del histórico pastelero y jubilado de 78 años, desconocidos forzaron el ingreso a su casa en el barrio Kilómetro 5 y, con un descaro absoluto, se instalaron a comer en el living.
El hecho fue descubierto por el propio entorno familiar de la víctima, quienes confirmaron la situación a Del Mar Digital y alertaron de inmediato a la Policía para que interviniera en el lugar. Para la familia, encontrar la propiedad vulnerada no fue solo toparse con una intromisión ilegal, sino revivir de golpe el horror en el mismo espacio donde Nino fue brutalmente golpeado y apuñalado antes de que intentaran quemar la vivienda aquel 2 de marzo.

Hablar de “Nino” en Kilómetro 5 es recordar a un vecino entrañable, solidario y trabajador incansable que endulzó a generaciones enteras con sus tortas y su solidaridad cotidiana. Ese mismo arraigo genera hoy entre los vecinos indignación e impotencia ante semejante ataque a su memoria.
Mientras la causa judicial que lleva adelante el fiscal general Facundo Oribones mantiene con prisión preventiva a Nicolás Raúl Cerecero bajo la carátula de homicidio agravado por ensañamiento —con la familia firme en su reclamo de prisión perpetua—, este nuevo ultraje en el domicilio de Villarroel reabre una angustia profunda y deja una sensación amarga de desprotección e impotencia.