En diálogo con el diario británico The Telegraph, el secretario de Estado, Marco Rubio, le restó dramatismo al asunto y definió el escrito como “sólo un mail” sin carácter de política oficial.
Las tensiones de fondo y la postura británica
El cortocircuito entre ambos países se originó por la negativa del primer ministro británico, Keir Starmer, a enviar apoyo logístico o tropas al conflicto contra Irán y el estrecho de Ormuz. Sin embargo, Rubio fue tajante al descartar que este desgaste suponga un giro hacia el reclamo de soberanía argentino.
Por su parte, desde el Ministerio de Asuntos Exteriores británico remarcaron que el principio de autodeterminación de los isleños es “primordial” y ratificaron que el archipiélago es un territorio de ultramar. Tras el malestar generado, la canciller Yvette Cooper se reunió con Rubio en Washington para limar asperezas.
El impacto en la diplomacia argentina
En el plano local, el presidente Javier Milei reafirmó el reclamo histórico al sostener que “las Malvinas fueron, son y serán argentinas”. No obstante, fuentes diplomáticas indicaron que el mandatario habría postergado un viaje a Londres, donde tenía previsto reunirse tanto con Starmer como con el dirigente Nigel Farage. Finalmente, voceros de la diplomacia norteamericana reiteraron que su posición oficial se mantiene neutral, reconociendo la administración británica de facto, pero sin tomar partido en la disputa de soberanía.