El reglamento estrenado este año apostaba por una paridad 50/50 entre el motor térmico y el sistema eléctrico. Sin embargo, los problemas de rendimiento y las quejas sobre el comportamiento de los autos en pista obligaron a una reunión de urgencia entre directivos de la F1, equipos y fabricantes.
El acuerdo alcanzado establece que, a partir de 2027, el motor de combustión interna representará el 60% del rendimiento total, mientras que el sistema eléctrico (ERS) se reducirá al 40%. Esto implica un aumento aproximado de 50 kW en la potencia de los motores térmicos, compensado con una reducción similar en el despliegue eléctrico.
Seguridad y espectáculo bajo la lupa
La FIA señaló que estos ajustes buscan que la competición sea “más segura, justa e intuitiva”. Las primeras correcciones aplicadas de manera inmediata en el pasado Gran Premio de Miami ya habían mostrado una recepción positiva en el paddock, lo que aceleró la decisión de profundizar los cambios a largo plazo.
Aunque para muchos seguidores esto representa un “retroceso” en la carrera por la electrificación total, para la mayoría de los puristas y fabricantes es una medida necesaria para evitar que la gestión de la batería sea más importante que el talento del piloto o la eficiencia del motor térmico.
Si bien el anuncio es oficial, aún resta la aprobación final técnica de los fabricantes para que este esquema quede blindado en el reglamento. Con esta medida, la Fórmula 1 intenta equilibrar su compromiso con la sustentabilidad —manteniendo los combustibles sintéticos— sin perder el rugido y la potencia que históricamente definieron a la máxima categoría del automovilismo mundial.