Con el objetivo de erradicar conductas agresivas arraigadas en las tribunas y devolverle al deporte infantil su esencia de juego y formación, en Puerto Madryn se presentó el proyecto “Tu insulto no me alienta”, una propuesta diseñada para desnaturalizar la violencia verbal ejercida por adultos hacia niños, niñas y adolescentes en competencias formativas.
La iniciativa adquiere una trascendencia singular al haber sido gestada a partir de los propios testimonios de chicos que integran categorías infantiles. Frente a situaciones recurrentes de maltrato e insultos procedentes del entorno familiar y del público, la propuesta busca dotar de herramientas concretas tanto a los clubes como a los padres para transformar las pautas de convivencia en las canchas.
El rol de las familias y la salud mental infantil
Especialistas y formadores vinculados a la iniciativa destacaron que la violencia en el deporte no debe ser aceptada como parte del espectáculo ni minimizada. “Es un proyecto sumamente valioso porque nace de los chicos, que están pidiendo a gritos ser escuchados. Está dirigido a los padres, que son quienes deben contener y acompañar, entendiendo que el deporte en etapas formativas tiene que ser para disfrutar y divertirse”, señalaron.
En este sentido, remarcaron el impacto que tiene la exigencia desmedida sobre el desarrollo emocional: “Muchas veces los adultos trasladan sus propias frustraciones a los hijos. Hay una frase muy clara que resume esto: ‘Señor padre, si quiere un campeón en la familia, póngase a entrenar’. No se le puede exigir a un niño que cargue con expectativas que no le corresponden”.
Asimismo, se enfatizó que el cuidado de la salud mental en el deporte infantil suele centrarse en el entrenamiento técnico o en la preparación de los profesores, dejando de lado el trabajo preventivo con las familias, que constituyen un pilar fundamental en la formación emocional.
Desnaturalizar el insulto como hábito
El proyecto advierte que la violencia verbal no es exclusiva del fútbol ni de las divisiones mayores, sino que se ha filtrado transversalmente en diversas disciplinas y desde las edades más tempranas. A través de talleres y campañas de visibilización, “Tu insulto no me alienta” promueve la empatía, la tolerancia frente al error como parte natural del aprendizaje y el compromiso adulto de acompañar sin agredir.