DR. JORGE EDUARDO JACOBO
MÉDICO CLÍNICO
MP 989 PROVINCIA DEL CHUBUT
NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA MECHA EL 12/11/2025
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Hacer un diagnóstico en medicina no es sencillo, no es una ciencia exacta, son muchas las variables que se ponen en juego. Este diagnóstico se inicia cuando la persona concurre a su médico por alguna dolencia.
En esa consulta el profesional, escuchando lo que le cuenta el paciente, sumando lo que se puede encontrar a realizar el examen físico, es decir al revisarlo, tiene grandes chances de ya acercarse mucho a saber que es lo que puede estar pasando. Luego, pedirá o no estudios que se denominan complementarios (laboratorio, imágenes) porque complementan la idea diagnóstica del profesional.
Visto desde el lado de quien consulta tampoco es sencillo. Cuando alguien tiene alguna molestia nueva, desconocida, se instala la angustia, el miedo: “¿qué tendré? ¿será grave? ¿me puede comprometer la vida?”
Concurrir a ver a un profesional viene cargado con la necesidad, la urgencia, de saber cual es el diagnóstico y que tendrá que hacer de tratamiento.
Este vínculo especial entre dos personas es lo que se llama relación médico – paciente. No es una relación simétrica, la persona que concurre a la consulta deposita un “poder” en el médico, la capacidad de ayudarlo en lo que le suceda.
Pero, en definitiva, es una relación entre dos personas. ¿Por qué, entonces, hablar de una crisis oculta?
Porque no es algo de lo que se hable habitualmente, que se lo ponga en consideración, se ha naturalizado algo que no debería ser así.
Llevo muchos años ejerciendo la profesión como médico clínico, a fin de este año serán 47 en total. Y vengo observando que se ha instalado una distancia entre el médico y su paciente. Desde mi punto de vista, es algo doloroso.
Desde el lado del profesional se ha perdido, no en todos los médicos, ese momento tan importante en la consulta: el hablar y revisar a las personas. El uso de los métodos complementarios han ayudado también en esta distancia, priorizando su uso a veces sin criterio clínico.
Pero, a mi entender, estos métodos aislados no resuelven el problema. La gente siente que no fue atendida adecuadamente, no fue escuchada, no fue revisada y algunos dicen: “¿cómo sabe lo que tengo si no me tocó?”
Se ha ido transformando en una relación casi administrativa y de prescripción de estudios o medicamentos. Es sorprendente que algunas personas digan: “¿sabe hace cuanto que no me toman la presión o me tocan la panza?”
Me gustaría agregar algo de mi experiencia: muchas veces al escuchar al otro, preguntarle si está pasando una situación personal difícil, da lugar a que esta persona pueda expresar lo que le sucede, muchas veces acompañado de llanto…y eso lo alivia, no lo soluciona, pero lo alivia.
En los inicios de la medicina, cuando no existían los medicamentos que conocemos actualmente, el médico aliviaba con la palabra, con el afecto. Y, a mi entender, esta realidad muestra que se ha ido perdiendo una parte importante de la tarea médica que hasta le puede agregar algo de diversión: jugar a ser el detective, a descubrir que puede tener ese paciente.
En alguna oportunidad me tomé el trabajo de cronometrar que tiempo me tomaba revisar: 3 a 4 minutos. Y entonces, ¿por qué se puede haber instalado esta situación?
El médico desde hace mucho tiempo viene sufriendo una presión en su trabajo. Debe ver muchos pacientes, debe hacerlo rápido, no se puede detener. Debe completar la historia clínica, llenar formularios para estudios o medicamentos, realizar resúmenes de la historia para justificar o un estudio o un remedio, confeccionar los certificados de ausentismo, etc.
Además, históricamente, el valor de la consulta fue bajo, esto es un factor que también pesa.
También se ve sometido a la presión de algunos pacientes: ”¿como? ¿no me va a pedir ningún estudio?”
¿Y del otro lado de esta relación?
Lo que describí más arriba sobre el deterioro de la calidad de la consulta genera en los pacientes una tensión. Ya vienen pensando que no van a ser bien atendidos, que no van a ser escuchados, están a la defensiva. Tal vez por haber ya pasado por esa situación.
Algo más a tener en cuenta es que con el advenimiento de nuevas tecnologías (internet, uso de buscadores, la inteligencia artificial) se puede acceder fácilmente a información médica y a un diagnóstico. En muchas ocasiones se observa que las personas vienen ya sabiendo que les pasa, porque lo buscaron.
Y exigen los estudios que confirman la sospecha. Lo que, otra vez, genera tensión. Y pone más distancia.
Pero ése diagnóstico “virtual” alcanza, ¿es útil? Creo que no, la tecnología busca datos, suma posibilidades, y responde a lo que uno describa como síntomas.
Le falta algo, para mí, imprescindible: el relato a un médico de lo que le sucede y lo que, reitero, el profesional encuentre al examinarlo. Esto una computadora no puede hacerlo.
Y, agregaría, que este tipo de diagnóstico es hasta peligroso. Lo puede llevar a diagnósticos difíciles, graves, que lo único que suma es angustia.
Para finalizar, ¿se puede mejorar esta relación médico-paciente? Creería que sí, si ambas partes lo tienen presente e intentan cambiar el modo, recuperar algo tan valioso como es este vínculo entre el profesional y su paciente y viceversa.
Esto, seguramente, redunda en una mejor atención con mayor contención afectiva, las personas sentirían que realmente se han ocupado de lo que les sucede. Estoy convencido que muchos cuadros más relacionados con lo emocional mejorarían y mucho.
DR. JORGE EDUARDO JACOBO
MÉDICO CLÍNICO
MP 989 PROVINCIA DEL CHUBUT