En el marco del Día del Pediatra, Carlos Catalá repasó su recorrido profesional, marcado por décadas de trabajo en la salud pública y privada, y destacó la satisfacción de haber regresado al consultorio después de su paso por la función pública.
En diálogo con Nuestras Mañanas por Radio Del Mar, el médico recordó que comenzó su formación en pediatría en 1986 y que, antes de asumir como secretario de Salud de Comodoro Rivadavia en 2011, llevaba muchos años de trabajo tanto en el ámbito provincial como municipal.
Durante esa etapa, también debió sostener su actividad en el sector privado para complementar sus ingresos, lo que implicaba jornadas laborales extensas, hasta altas horas de la noche.
“No me quejo de nada. Hay que tener una faceta especial, porque uno no entrega los hijos a cualquier pediatra”, expresó al reflexionar sobre la responsabilidad que implica atender la salud de los más pequeños.
Después de varios años dedicado a la gestión, Catalá volvió a la pediatría y se reencontró con pacientes que, con el paso del tiempo, crecieron y hoy son adultos.
Incluso después de jubilarse, continúa trabajando y valorando el vínculo construido con sus pacientes. “A esta edad, estando jubilado, sigo trabajando y casi todos me recibieron muy bien”, señaló.
La sensibilidad de trabajar con chicos
Catalá también se refirió a las particularidades de la pediatría y al desafío emocional que implica acompañar a niños que atraviesan situaciones de dolor o urgencia. En ese sentido, contó que su esposa, también médica, suele decirle que ella no podría trabajar con el sufrimiento de los chicos.
Para el pediatra, la profesión requiere aprender a manejar las emociones sin perder la sensibilidad, pero manteniendo la claridad necesaria para actuar cuando una situación lo demanda.
“No es que nosotros hacemos una coraza, pero me parece que uno tiene que ponerse frío, ser lógico y poner todo el conocimiento que tiene, y dejar que las emociones salgan en otro lugar”, explicó.
El médico sostuvo que, ante una urgencia, es necesario tomar decisiones con rapidez y precisión. “Cuando hay una situación urgente y hay que definir, uno no tiene tiempo para estar sensible”, afirmó.
En esa línea, remarcó que trabajar con el sufrimiento de un paciente tan pequeño requiere una preparación particular y herramientas para afrontar las distintas situaciones que se presentan en la consulta.
También destacó la experiencia que se adquiere con los años, tanto para reconocer las necesidades de cada paciente como para acompañar a los chicos que llegan tranquilos y a aquellos que atraviesan las consultas con llanto o temor.
“Tenemos que tener ciertas estrategias. Vos te vas acordando de cuáles son los pacientes que venían tranquilos o los que te costó un montón de llanto. Tenemos mucho manejo de eso porque, si no, no tendríamos otra manera”, describió.
Finalmente, Catalá destacó el valor de continuar ejerciendo una profesión que disfruta, en un lugar donde se siente cómodo y con la posibilidad de organizar su actividad de otra manera.
“Me gusta lo que hago, el lugar donde estoy. Puedo trabajar menos cantidad de horas”, expresó, al resumir el presente de una trayectoria que sigue ligada a la pediatría.