A casi dos semanas de las elecciones en su país, el mandatario denunció la “injerencia externa en procesos electorales” y sentenció con firmeza que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”.
Lula advirtió sobre las “tentaciones hegemónicas” de las potencias en América Latina y reclamó socios con agendas positivas en lugar de presiones externas. Asimismo, cuestionó la parálisis del Consejo de Seguridad frente a conflictos globales como la guerra en Ucrania y las tensiones con Irán, afirmando que “somos todos rehenes del inmovilismo” y que “las concesiones a ley del más fuerte pasaron de los límites”.
En otro tramo de su exposición, el líder brasileño apuntó contra el poder de las corporaciones tecnológicas. Denunció que “un puñado de tecnoligarcas quiere resucitar una versión de neoliberalismo digital sin reglas ni transparencia” aprovechándose de la revolución tecnológica, y advirtió que su gobierno no tolerará un modelo de negocio que traslada a las familias la tarea imposible de lidiar con los algoritmos.