Nacido en una época equivocada para el reconocimiento masivo, Mario Díaz dejó una huella imborrable en el pugilismo argentino. Formado en el club San José de calle Bandera de Los Andes de Guaymallén y vecino del recordado Valeriano Mesa, este histórico deportista mendocino debutó como profesional en 1942 y se consolidó entre los mejores exponentes de la categoría de los pesos medianos, enfrentándose a figuras estelares de su época como Kid Cachetada, Kid Gavilán y Merentino.
Su trayectoria quedó marcada por sus memorables enfrentamientos ante el histórico Eduardo “Zurdo” Lausse, conocido como el “campeón sin corona”. Díaz logró vencer en dos oportunidades al legendario peleador en grandes acontecimientos de la época que acaparaban la atención de los medios especializados, tal como recordó el cronista Federico Muller en el sitio La Ley del Deporte. Sin embargo, en un tercer combate disputado tras el regreso de Lausse de los Estados Unidos —donde se impuso por nocaut en sus cuatro presentaciones—, el “Zurdo” se quedó con el título argentino de los medianos.
Más allá de sus pergaminos deportivos, Díaz ostenta el hito de haber sido el primer boxeador mendocino en presentarse en el mítico estadio Luna Park. Años más tarde, su rol trascendió las cuerdas al convertirse en presidente de la Asociación Boxística Profesional, la primera entidad gremial formada para reclamar contra los magros salarios que percibían los atletas.
La organización sindical impulsada por Díaz demostró una enorme fuerza institucional: llegó a obligar al Luna Park a suspender sus festivales durante dos meses y forzó a la Federación Argentina de Boxeo a organizar veladas en su estadio de la calle Castro Barros 75. Aunque la resistencia de los rebeldes no pudo sostenerse indefinidamente frente al poderío comercial e indiscutible del coliseo de Corrientes y Bouchard, aquella histórica lucha sentó un precedente fundamental, abriendo un espacio de discusión por los derechos laborales de los deportistas que, con el paso de los años, terminó diluyéndose.
Alejado de las marquesinas centrales del centro del país hacia el tramo final de su vida, Mario Díaz vivió en Comodoro Rivadavia, y falleció en 1990 en territorio chubutense, consagrado para siempre como un símbolo de la hidalguía mendocina sobre el cuadrilátero y un pionero en la defensa de la dignidad gremial de los boxeadores.

