Durante su alocución, el funcionario admitió que los logros macroeconómicos todavía no tienen un impacto directo en la vida cotidiana de los argentinos, pero justificó esta demora señalando supuestas “operaciones golpistas” ejecutadas por la oposición durante la última campaña electoral.
En materia económica, el Jefe de Gabinete se mostró optimista al asegurar que la peor parte de la crisis ya quedó atrás. Adorni afirmó ante el recinto que las tasas están bajando y el crédito comienza a expandirse como consecuencia directa de que el Gobierno “hizo los deberes” en términos fiscales. Sin embargo, la tensión se elevó al momento de responder por las denuncias de corrupción. El funcionario defendió la presencia de su esposa, Bettina Angeletti, en la comitiva oficial a Nueva York, calificándola como una decisión “discrecional” de la Presidencia que fue debidamente aprobada por decreto.
Respecto a las sospechas por la compra de inmuebles de lujo y la evolución de sus bienes, Adorni remarcó que todavía no ha vencido el plazo legal para la presentación de su declaración jurada anual, lo que explicaría la ausencia de ciertos movimientos en los registros públicos actuales. En un tono desafiante, negó tajantemente haber cometido delitos y criticó duramente a los sectores de la oposición con condenas firmes que, a su criterio, intentan simular una “igualdad de condiciones” para desgastar su imagen.
Hacia el cierre de la maratónica sesión de siete horas, y tras responder tandas de preguntas que apuntaron sistemáticamente a su estilo de vida, el funcionario descartó de plano cualquier posibilidad de alejamiento del Gobierno. “Quiero dejarles en claro que no voy a renunciar”, vociferó ante los diputados, subrayando que cuenta con el honor y la confianza del presidente para continuar en su cargo.