El veterano de Guerra de Malvinas Luis Mansilla repasó su experiencia durante el conflicto del Atlántico Sur y recordó cómo vivió el 14 de junio de 1982, día en que cesaron los combates. En diálogo con Radio Del Mar y en el marco de Misión Malvinas, destacó que los excombatientes continúan manteniendo viva la memoria de quienes participaron de la guerra y de quienes dejaron su vida en las islas.
Mansilla, quien integró el Batallón Logístico 9 y llegó a Malvinas el 7 de abril de 1982, señaló que el recuerdo de aquellos días permanece intacto pese al paso del tiempo. “Han pasado 44 años, pero nosotros seguimos viviendo esos momentos como si fuera ayer”, expresó.
El recuerdo del 14 de junio
Al referirse a la jornada que marcó el final del conflicto, Mancilla la definió como “el día más triste” que le tocó vivir durante la campaña. Explicó que los días previos estuvieron marcados por intensos combates en las alturas que rodeaban Puerto Argentino.

“Las noches parecían de día por los bombardeos. El fuego iluminaba el cielo constantemente”, recordó.
Según relató, durante la mañana del 14 de junio su unidad recibió la orden de retirarse hacia una bahía cercana a Puerto Argentino para inutilizar vehículos y equipamiento militar antes de que quedaran en manos británicas. Fue en ese contexto cuando un grupo de paracaidistas ingleses los tomó prisioneros.
“Para nosotros no fue una rendición porque yo nunca me rendí ante el enemigo. Nosotros fuimos concientizados de que fue un cese de hostilidades y la capitulación de la guerra”, afirmó. El veterano señaló que, además de la tristeza por el desenlace del conflicto, también existía alivio por haber sobrevivido.
Cuatro días como prisionero de guerra
Mansilla recordó que permaneció cuatro días como prisionero junto a miles de soldados argentinos en la zona del aeropuerto de Puerto Argentino. Durante ese período, dijo que circulaban numerosos rumores sobre cuál sería el destino de los soldados argentinos.

“No sabíamos qué iba a pasar. Se decía que nos iban a llevar a Inglaterra, a la Isla Ascensión o que incluso nos podían fusilar”, relató. Finalmente, fue trasladado junto a otros excombatientes en el buque hospital argentino Bahía Paraíso, que los condujo hasta Punta Quilla, en Santa Cruz.
El desembarco se produjo el 20 de junio de 1982, una fecha que recuerda especialmente por coincidir con el Día de la Bandera y el Día del Padre.
El regreso al continente
Si bien celebraba haber sobrevivido a la guerra, también sintió tristeza por no poder reencontrarse inmediatamente con sus seres queridos. “No tuve la oportunidad de abrazar a mi madre, a mi padre o a mis hermanos. Fue algo muy triste”, recordó.
Posteriormente permaneció durante un mes bajo supervisión médica y psicológica junto a otros soldados. También recordó las condiciones extremas que atravesaron durante los últimos meses de la guerra.
“Cuando había comida, comíamos; cuando no, no. Estuvimos dos meses sin bañarnos”, relató.

La familia y el legado de Malvinas
Al hablar de su vida después de la guerra, Mancilla destacó el rol que tuvo su familia para superar las secuelas del conflicto. “Mis padres y mis hermanos fueron quienes me contuvieron cuando regresé”, explicó.
Tiempo después formó una familia junto a quien hoy es su esposa, a quien conocía desde la infancia. Finalmente, remarcó la importancia de mantener vigente la causa Malvinas y honrar la memoria de quienes no regresaron.
“Por aquellos que dieron la vida por la defensa de Malvinas y de nuestra soberanía, todo el honor y la gloria. Para los que volvimos, nuestra misión es seguir velando para que Malvinas siga presente en nuestras vidas”, concluyó.