Gladys Aguilar, es empleada de la Joyería Fiorella de San Martín 292 y confiesa que lo lindo de trabajar en una joyería es “que conoces a mucha gente todo el tiempo”.
Su principal función es “vender joyas, vender alianzas”. Y para ello utiliza hasta las redes sociales para ofrecer los nuevas “joyitas” que llegan. Tanto le gusta empatizar con los clientes, y asesorarlos, que un matromonio la eligió de testigo de casamiento. “Me gusta mucho interactuar con la gente, me gusta conocer gente y vender joyas” explica a Del Mar Digital.
Matías es el joyero, y Jorge Simeoni, el dueño de la joyería Fiorella, es el relojero. Uno de los pocos que quedan en la ciudad. Un hombre que trabaja minuciosamente con el dispositivo de los relojes modernos y antiguos. Los que llegan a la joyería arreglan las joyas de la abuela, o la pulsera que encontraron en la casa y está rota. “Uno entra a la joyería para hacerse un regalo y para regalar” sostiene Gladys, y por eso le encanta la buena onda que lleva la gente.
Uno de los clientes, retira una pulsera, y se va contento. El trabajo que realizó Matías, le dio la posibilidad de llevarse como nueva la alhaja. Al pasar conversa con Jorge Simeoni sobre lo lindo que es la pesca de lago, y la experiencia que le dejó una gran trucha con la que peleó y le terminó llevando la mosca en el Río Pico. Jorge tiene una atención personalizada con cada cliente, la mayoría siempre elige volver.
“El hombre sigue usando reloj y viene a repararlos” dice Gladys. Para los atletas es importante ver el tiempo de carrera, incluso hay quienes ya utilizan los relojes inteligentes, pero también es un accesorio que el hombre también utiliza como un sello estético. “La gente trae relojes antiguos, como el reloj cucú” explica Galdys.
“Lo que está saliendo mucho son las alianzas, hay mucha gente que se quiere casar, muy jóvenes que se están comprometiendo, se ponen de novios y eligen alianzas de compromiso, eso está bueno. La alianza de compromiso yo le explico que va en la mano derecha y la de casamiento en la mano izquierda. Salen grabadas a máquinas sin cargo, o a diez mil pesos en láser si las compran acá” cuenta Gladys.
“La gente cree que para casarse necesitas alianzas de oro, y en realidad no importa con qué te cases, plata u oro, el tema es casarse, hoy por hoy me dedico a vender alianzas, yo no me caso” bromea Gladys con la buena onda que la caracteriza para recibir a cualquier cliente.


