Un terremoto de magnitud 7,4 en la escala de Richter sacudió este lunes a las 7:34 a Colombia, provocando una catástrofe humanitaria y un escenario de profunda devastación. El epicentro del movimiento sísmico se localizó en la municipalidad de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, aunque las ondas expansivas afectaron con dureza al oeste y centro del territorio nacional, sintiéndose con intensidad en naciones vecinas como Ecuador, Panamá y en regiones limítrofes de Brasil.
Los informes oficiales preliminares confirmaron la muerte de al menos 111 personas, decenas de heridos y una cifra indeterminada de desaparecidos atrapados bajo los escombros. El impacto edilicio es severo: se registraron 61 edificios colapsados, más de 1.500 viviendas dañadas y cerca de 40 casas totalmente destruidas, concentrándose la mayor destrucción en ciudades como Cali, Manizales y Pereira. En esta última, el desplome parcial de estructuras en la terminal aérea, sumado a los destrozos en otras cinco terminales de la región, obligó a la Aeronáutica Civil a suspender de inmediato las operaciones aerocomerciales.
Frente a la gravedad de los hechos, el presidente Abelardo De La Espriella declaró el estado de desastre de carácter nacional e instaló un Puesto de Mando Unificado para liderar las tareas de asistencia. En tanto, intendencias y gobernaciones regionales dispusieron la suspensión de clases, la interrupción de eventos deportivos y la evacuación de zonas de riesgo por temor a posibles réplicas de consideración.
En el plano internacional, diversos gobiernos expresaron su solidaridad y coordinaron ayuda humanitaria de emergencia. Desde la Argentina, el gobierno nacional a través de Cancillería estableció contacto con las autoridades colombianas para enviar insumos de primera necesidad y asistencia técnica, sumándose a los ofrecimientos de países como Estados Unidos, Chile, El Salvador y Venezuela para colaborar en las tareas de búsqueda y rescate.