A pocos días de cumplirse 97 años del primer vuelo inaugural de Aeroposta en la Patagonia, el historiador Ángel Sánchez reconstruyó en diálogo con Del Mar Digital los orígenes de aquella experiencia que marcó un antes y un después en el transporte y las comunicaciones de la región. La llegada de los primeros aviones a Comodoro Rivadavia, el desafío de volar sobre la Patagonia y el protagonismo de los pilotos argentinos fueron algunos de los aspectos que repasó.
El 1 de noviembre de 1929 se concretó el primer vuelo de Aeroposta hacia la Patagonia. En aquel momento, las comunicaciones entre las localidades de la región eran limitadas y dependían principalmente del transporte marítimo y terrestre. Los viajes en barco desde Comodoro Rivadavia hasta Buenos Aires podían demorar cinco días en condiciones favorables y una semana o más cuando el clima no acompañaba.

En ese contexto, la conexión aérea representó un cambio significativo. Sánchez explicó que Aeroposta Argentina surgió como una subsidiaria de la Compañía General Aeropostal Francesa, una iniciativa impulsada después de la Primera Guerra Mundial para transportar correspondencia por vía aérea y, posteriormente, pasajeros.
La empresa había comenzado a desarrollar rutas en Europa y África, y luego extendió sus operaciones hacia Sudamérica. Para poder operar en Argentina, donde la legislación impedía que aviones extranjeros sobrevolaran el territorio nacional, se conformó una compañía subsidiaria con capital y personal argentino.
En ese proceso tuvo un papel importante Vicente Almandos Almonacid, un riojano que se había especializado en ingeniería hidráulica en Francia, pero que durante la Primera Guerra Mundial se incorporó a la Fuerza Aérea Francesa y adquirió experiencia como piloto. Su intervención permitió avanzar en las gestiones para establecer Aeroposta en el país.
El primer vuelo hacia Comodoro Rivadavia
Sánchez recordó que durante septiembre de 1929 se realizó un vuelo de reconocimiento para evaluar las condiciones de la ruta entre Bahía Blanca y Comodoro Rivadavia. En ese recorrido se analizaron los posibles puntos de aterrizaje y las dificultades meteorológicas que presentaba la región.

Finalmente, el 1 de noviembre se concretó la inauguración de la línea hacia el sur. Dos aviones partieron desde Bahía Blanca: uno pilotado por Antoine de Saint-Exupéry y otro por Jean Mermoz, dos figuras fundamentales de la historia de la aviación.
El primer vuelo llegó a Comodoro Rivadavia alrededor de las 13:30, después de aproximadamente seis horas y media de viaje. En el segundo avión viajaba Próspero Palazzo como copiloto, quien quedó a cargo de la línea sur y continuó realizando esos recorridos hasta su muerte en un accidente aéreo en junio de 1930.
La llegada de las aeronaves fue un acontecimiento para la región. En aquel entonces, el transporte marítimo era prácticamente la única conexión regular con Buenos Aires y los diarios llegaban con varios días de demora.
La correspondencia que se trasladaba tenía una importancia fundamental para la actividad económica local. En uno de los primeros vuelos de reconocimiento se cargaron alrededor de 200 kilos de correspondencia en Comodoro Rivadavia, principalmente perteneciente a YPF y a las empresas petroleras.
Los desafíos de volar en la Patagonia
Uno de los aspectos que Sánchez destacó fue la dificultad de operar en una región caracterizada por sus fuertes vientos y condiciones geográficas particulares.
Los primeros aviones no contaban con equipos de radio que permitieran mantener comunicaciones durante el recorrido. Los pilotos conocían las condiciones meteorológicas al momento de partir, pero no tenían información permanente sobre lo que podía suceder durante el trayecto.
El historiador recordó que las recomendaciones para volar en la zona contemplaban especialmente la intensidad del viento, con advertencias de evitar los vuelos cuando superaba los 150 kilómetros por hora.
Además, las pistas eran rudimentarias, de piedra y tierra. Cuando los aviones aterrizaban, debían ser asistidos por soldados que se sujetaban a las alas mediante sogas para evitar que las ráfagas los desplazaran. En ocasiones también se utilizaban camiones para acompañar las maniobras y mantener las aeronaves bajo control hasta su ingreso al hangar.
El hangar histórico que todavía se conserva en Comodoro
Otro de los puntos que resaltó Sánchez es que el hangar original de Aeroposta en Comodoro Rivadavia todavía se encuentra en pie dentro de la Base Aérea Militar de Kilómetro 9.
La estructura fue construida en terrenos cedidos por YPF y constituyó uno de los primeros espacios destinados a las operaciones de la compañía en la región. Según explicó, ese hangar fue también una de las bases sobre las que posteriormente se desarrolló la infraestructura aeronáutica de la ciudad.

Con el paso de los años, Aeroposta atravesó dificultades económicas, especialmente a partir de la crisis internacional de 1929 y 1930. En 1931, los pilotos franceses se retiraron y fueron los argentinos quienes sostuvieron la continuidad de los vuelos hacia la Patagonia.
Posteriormente, se conformó Aeroposta Argentina Sociedad Anónima, con capitales nacionales, y se incorporaron los aviones Junkers 52, trimotores con capacidad para 17 pasajeros y equipados con sistemas de comunicación que permitían mantener contacto durante los trayectos.
A casi un siglo de aquel primer vuelo, la historia de Aeroposta permite dimensionar el impacto que tuvo la aviación en el desarrollo de Comodoro Rivadavia y de toda la Patagonia, en una época en la que conectar las distintas localidades representaba un enorme desafío.